Compartimos una nueva edición de El Sol Ácrata, correspondiente al quinto número de su tercera época, ejemplar 47, primera quincena de septiembre de 2022.

Dejamos con ustedes la editorial de este número:

Los anarquistas luchan contra la sociedad capitalista de un modo constante, consciente y activo por el abstencionismo, que no consiste solamente en no servirse del arma irrisoria que la Constitución pone en nuestras manos: la papeleta del voto.

Su abstencionismo es consciente y activo. Los anarquistas tienen un cuerpo de doctrina y de métodos de acción que deben, creo yo, impresionar a los hombres de buen sentido, de convicción, de corazón y de voluntad independiente.

Únicamente, los anarquistas se abstienen, porque están convencidos de que la acción parlamentaria es nefasta y de que la lucha electoral es nociva; porque saben que la acción política es perniciosa.

En el dominio electoral se está obligado a hacer más o menos concesiones.

No se puede nunca decir lo que se piensa, todo lo que se piensa; y los anarquistas desean permanecer independientes ante su pensamiento, ante su conciencia y reservarse la posibilidad de decir, sin rodeos, lo que piensan, todo lo que piensan, nada más que lo que piensan.

Los anarquistas se abstienen, porque no quieren participar en los crímenes gubernamentales, y porque saben que, cuando se acerca uno al poder, se hace cómplice, no implícita sino explícitamente, de todos los crímenes cometidos por los gobiernos.

Los anarquistas no quieren tener la menor participación en estos crímenes, y no quieren cargar sobre este punto, con ninguna responsabilidad.

Se abstienen, porque quieren permanecer en la muchedumbre, porque desean quedar en contacto permanente con la masa que trabaja brutalmente, que sufre, que soporta la autoridad y que está sublevada y exasperada.

Se abstienen, porque entienden, de ese modo, conservar intacto su derecho a la revuelta. Si votáis perdéis el derecho a la insurrección y desde entonces os inclináis por anticipado, es lógico, ante la ley del número, ante esa fuerza ciega y estúpida de la mayoría. Si me sirviese de la papeleta del voto, tendría la certidumbre de que pierdo mi derecho a la revuelta, pues acepto, de esa manera, la ley de la mayoría y exijo, implícitamente, que todo el mundo se incline ante ella.”

(…)

“Yo que no voto, tengo el derecho de decir: Venga de donde venga, cualesquiera que sean sus orígenes y sea quien sea el legislador, la ley no puede más que mantener y agravar la iniquidad. Aun cuando ella la disminuya en cierta medida, la iniquidad queda. Yo me rehúso a reconocer la ley, porque es la inepta aplicación de la fuerza ciega y estúpida del número, como si hubiese algo de común entre el número y el progreso, el derecho, la justicia y la humanidad. Quiero conservar mi derecho a la revuelta y he ahí, por qué me abstengo. Si los anarquistas se abstienen, es porque quieren permanecer fieles a su alta y pura filosofía.

Esta filosofía consiste en alejarse con tanto cuidado de la autoridad que se ejerce como de la que se sufre.

Consiste en mantener una guerra implacable a los que hacen la ley y a los que la soportan: a los unos, porque abusan de la autoridad, a los otros, porque se humillan ante ella.

El anarquista se distingue y se separa de todos, porque no quiere ser amo ni esclavo. No quiere inclinarse ante nadie, pero tampoco quiere que los otros se inclinen ante él.

No quiere ser esclavo y ejecutar órdenes extrañas; pero tampoco quiere ser amo ni ordenar a nadie.

Tiene horror a la autoridad que se le impone, como tendría horror a la autoridad que él impusiera a otro.

Admite esta fórmula maravillosa que inspirará probablemente, a la humanidad futura: «Ni amo, ni esclavo».

Y para terminar, diré que, en el estado presente, ante la sociedad en que vivimos y que hemos de sufrir hasta que tengamos fuerzas para derribarla, haremos nuestra la frase lapidaria de uno de nuestros camaradas más ilustres, Elíseo Réclus: «Ante la iniquidad y en tanto que ella persista, los anarquistas están y permanecen en estado de insurrección permanente».”

Sebastien Faure

La Podredumbre Parlamentaria – 

1909

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