artículoVivir en zona de sacrificio
Breve radiografía al extractivismo minero en el Desierto de Atacama

Cuando se habita cerca de termoeléctricas, faenas mineras o de sus actividades secundarias, como en los lugares en donde se transporta, almacena o embarca, es prácticamente imposible no quedar dentro de su radio de afectación. Y es que siempre, sacar o procesar minerales desde la tierra libera al ambiente distintos metales pesados que se depositan en las superficies, en el aire, en el agua y en nuestro cuerpo.

La Región de Antofagasta alberga al menos 42 faenas de extracción metálica (cobre, oro, hierro, zinc y subproductos) y no metálica (nitratos, boratos, litio, mármol y yodo), 21 termoeléctricas, 4 grandes puertos de exportación minera, además de 47 relaves, de los cuales 13 se encuentran activos, 20 no activos y 14 abandonados (1). Tal infraestructura está asociada a tremendas cifras en producción, venta e inversiones, las que para el estado y empresas parecen justificar el abandono y la desinformación de los y las habitantes de este desierto tan rico y tan contaminado. Abandono y desinformación por la desidia de empresas que se traduce en no contar con cifras claras sobre las cantidades
de metales con los que convivimos diariamente y sobre cómo estos nos enferman.

Estamos saturados
Desde la época del salitre, los puertos de Antofagasta llevan más de un siglo acopiando minerales para su embarque y exportación, lo que ha provocado una gran acumulación de tóxicos en el fondo marino, el aire y las calles de la ciudad, situación que se ha agravado aún más desde la instalación y puesta en funcionamiento del galpón ATI estos últimos años (2). Secreto a voces que ha sido denunciado por la ciudadanía, el Colegio Médico y en 2018 por un grupo de científicas/os que comunicó que Antofagasta tiene el récord mundial en contaminación por polimetales, es decir arsénico, zinc y cobre, entre otros, tras un estudio basados en muestras obtenidas entre 2014 y 2016 (3), además de presentarse un alarmante aumento de enfermedades cancerígenas; respiratorias y a la piel. Y aún así todo esto no califica para que esta ciudad sea decretada como Zona Saturada por contaminación.

Calama, por su parte, rodeada de 5 mineras, la más cercana ubicada a menos de 5 kilómetros de la última zona habitada, conviviendo a diario con tronaduras, fue decretada como Zona Saturada el año 2009 (incluso antes de que comenzara a operar Ministro Hales, el yacimiento más cercano) pero fue una declaración estéril, ya que en 10 años aún no se activa ningún plan de descontaminación. Medidas que pretenden poner en discusión recién en marzo de 2019, dada la presión ejercida por algunas organizaciones sociales.

Las mineras (y el capitalismo), además, necesitan energía para funcionar y como la legislación es blanda para este tipo de proyectos que benefician a empresarios ubicados a miles de kilómetros (dejando las externalidades negativas en los orígenes) se extiende la zona de sacrificio que toda la Segunda Región representa, hacia Tocopilla y Mejillones para la producción de la energía más contaminante: el carbón. Tocopilla con 7 termoeléctricas, ya fue declarada Zona Saturada, debido a esto, la última termoeléctrica construida fue hecha en Mejillones, que ya cuenta con 8 a carbón y 6 de ciclo combinado (diesel) y que aún no es decretada como Zona Saturada, lo que da pie a que sigan proyectando todavía más industrias. Bajo la justificación de generar “energía limpia para las comunidades”, que realmente es para las empresas mineras, se han instalado ya las siguientes firmas transnacionales: Engie, AesGener y Kelar.

Estamos muriendo
Arsénico, cobre, plomo, bario, magnesio, zinc, cadmio, cesio, manganeso, cromo, vanadio, molibdeno, cobalto, carbón, mercurio y níquel se encuentran acumulados en donde nos bañamos, crecemos, dormimos, tenemos sexo, caminamos, trabajamos, estudiamos o comemos. Cantidades exactas de estos tóxicos en tierra, aire y agua (en napas subterráneas, ríos, lagunas, mar, potable y embotellada) a nivel regional aún no manejamos. No obstante, el estudio mencionado anteriormente, cuyas muestras fueron tomadas en el sector aledaño al puerto ATI de Antofagasta, nos advierte la magnitud de tal contaminación (4).

Lo que sí sabemos es que todxs tenemos algún conocidx o familiar con cáncer. Vivir así nos está enfermando y matando, no por nada en 15 años aumentaron un 42% las muertes por cáncer en toda la región. Ni en Chernóbil después de la catástrofe nuclear existe una tasa tan alta de muertes por cáncer: por el accidente ucraniano llega al 20%, aquí alcanza un 29,4%. Sin contar que durante las décadas del 60 y 70, el agua potable de la ciudad tuvo una de las concentraciones más altas de arsénico registradas, y que el 2015 un estudio detectó plomo y arsénico en la sangre de niñxs en dos jardines infantiles (5).

Cánceres a la vejiga y pulmón lideran la lista, pero –y adivine- tampoco hay estadísticas claras respecto a incidencias de enfermedades por zona, aunque si se reconoce un aumento de enfermedades respiratorias, cardiovasculares y tumores.

Decir que en esta parte del desierto de Atacama la vida no importa no es una exageración y quizá podríamos extender la frase a todo el desierto o a todo Chile o Sudamérica, puesto toda esta desenfrenada instalación industrial, minera y energética, responde a los planes del IIRSA-Cosiplan, que no es más que la articulación de la infraestuctura –carreteras, centrales energéticas, plantas de procesamiento, megapuertos, etcétera- para el saqueo de la riqueza natural de este continente (6). Aquí la vida no importa, importa la rentabilidad.

Debemos hacer algo
La megaminería intenta maquillar su nociva existencia. Megaeventos culturales, museos, fundaciones, intervenciones urbanas, campeonatos deportivos, financiamiento a instituciones educativas y compra de equipamientos, son solo algunas de las artimañas con que las empresas sostienen su imagen corporativa, articulando toda una demagogia que hoy encuentra asidero en la pretendida “minería amigable” estrategia que les permite desviar la atención de la devastación provocada por esta industria en todo el territorio (7). Y es que los cambios en el sector apuestan a la automatización de los procesos, a la minería subterránea y la extracción del litio y otros minerales no convencionales, lo que anuncia un nuevo ciclo de saqueo y despojo para las comunidades del alto andino, la pampa y la costa.

Ante todo esto no podemos permanecer indiferentes. Es necesario informarnos y socializar el conocimiento existente entorno a los impactos de la megaminería, pues estudios científicos ya hay suficientes como para denunciar que vivimos en una zona de sacrificio, pero no basta con movernos sólo entre los círculos de convencidxs, es preciso encontrarnos y organizar instancias de resistencia, coordinar propaganda y defender el territorio de múltiples maneras, pues es la vida de todxs nosotrxs y el ecosistema la que está en juego. Procuremos que estos espacios sean autónomos y horizontales, y no terreno fértil para campañas políticas que luego nos instrumentalizan.
Quitemos de una vez por todas el galpón, frenemos los proyectos que nos enferman y asesinan.

 

Notas:

  1. SERNAGEOMIN (2018). Análisis del catastro de depósito de relaves en Chile y guía de estructura de datos. Disponible en: http://www.sernageomin.cl/wp-content/uploads/2018/05/An%C3%A1lisis-de-los-Dep%C3%B3sitos-de-Relaves-en-Chile_VF.pdf
  2. Véase el artículo: Contaminación en el centro de Antofagasta II: una profundización necesaria” Disponible: https://ciperchile.cl/2018/08/07/contaminacion-en-el-centro-de-an-tofagasta-ii-una-profundizacion-necesaria/
  3. Tapia JS, Valdés J, Orrego R, Tchernitchin A, Dorador C, Bolados A, Harrod C. (2018).
    «Geologic and anthropogenic sources of conta-mination in settled dust of a historic mining port city in northern Chile: health risk implications». PeerJ 6:e4699. 
  4. Sobre las concentraciones de metales, enfermedades asociadas e impactos del puerto: https://ciperchile.cl/2018/06/18/puerto-de-antofagasta-un-dispositivo-urbano-que-intoxica/
  5. Véase: http://www.futurorenovable.cl/antofagasta-al-menos-45-ninos-de-jardin-infantil-estan-contaminados-con-arsenico/
  6. Recomendamos el documental: “IIRSA. La infraestructura de la devastación” https://www.youtube.com/watch?v=qDw8pHuc4cI
  7. Los subterfugios de la megaminería. El mito de la minería amigable. Revista Rebeldías Nº4: https://revistarebeldias.files.wordpress.com/2018/11/rebeldicc81as-primavera-2018-1.pdf