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Nota El Sol Ácrata: Compartimos algunas reflexiones “Sobre el poder popular”, las cuales forman parte del libro “Nuestra única propuesta es el conflicto”, publicado el año 2014 en la región uruguaya a nombre de Anarquistas del Río de la Plata. Consideramos necesario aclarar algunas posiciones anárquicas respecto al poder, para así evitar males entendidos y caricaturas de quienes no buscan más que el reacomodamiento de las condiciones actuales de dominación. No negamos la existencia del poder, tan sólo nos negamos a usarlo en contra de l@s nuestr@s. La versión completa para descargar está disponible aquí.


Una lectura muchas veces barata del post-estructuralismo ha atraído al mundo anarquista, sin quererlo muchas veces, ciertos conceptos más autoritarios. Algunos creen solucionar en lo teórico la idea de Poder, hacer que lo aceptemos argumentando más o menos que éste es sólo una relación. Se dice, como una novedad, que en toda relación humana habría Poder. “Acéptenlo”, nos dicen, cómo si fuésemos dogmáticos en no aceptar su concepto “más amplio” de Poder.

Esas discusiones no nos son interesantes. ¿Cómo les llaman a las relaciones en donde se cristaliza una relación de desigualdad? también Poder. Así, todos los intentos de algunos autores por atacar una concepción “arcaica y limitada” caen por la borda. En toda relación hay fuerzas en juego y actuando pero no toda relación es dominación. Lo importante en este tema es ver las consecuencias de ingresar esta terminología autoritaria en nuestro pensar, y cómo eso puede afectar nuestras prácticas.

El hecho que se haya utilizado mayoritariamente siempre una forma de decir las cosas no significa que haya que seguir utilizándola, 48 nada de eso. No decimos que porque en su casi totalidad los anarquistas hayan estado en contra del término Poder tengan que seguir estándolo. Si nos parece que hay que oponerse al término Poder es por la defensa de nuestra libertad y no por tradición.

Decir “Poder popular” es más que una forma odiosa de decir algo como “fuerza de los oprimidos”, o algo por el estilo, es en sí una forma de concebir la organización social, la resistencia y la libertad humana. Es una posición política determinada y no sólo una forma de decir que nadie debe gobernar. ¿Cuáles son las consecuencias del Poder popular? Partamos primero de lo que significan sus términos. El concepto de Poder implica dos elementos distintos y hasta opuestos. Primero, Poder, que puede ser entendido como potestad (potestas), concepto antianárquico por excelencia. El Poder como potestad, habla de la legitimidad de una persona, espacio o colectivo de dictar ley o norma sobre otro u otros. Implica, cómo se ve, dominación. La legitimidad, no de acordar sino de generar ley, ley que otro deberá obedecer. El otro elemento es la potencia (potentia), el poder hacer algo, la facultad por la cual alguien puede hacer una cosa, llevar a cabo una acción. Yo puedo hacer esto y yo tengo la potestad de hacer algo son dos cosas muy distintas. Un juez tiene muchas veces ambas. Nosotros luchamos contra la potestad, que hace a alguna persona “tener el derecho” de coerción sobre otro, de hacer una norma o ley que ese otro deberá obedecer, no contra la capacidad de las personas de poder hacer. Generalmente no somos puntillosos con los términos, pero acá es muy importante detenerse en ellos y mostrar cómo no es sólo una “cuestión de palabras” como argumentan algunos.

Para nosotros, sobre lo único que debe decidir una persona o una asamblea es sobre sí misma, ahí está la cuestión. El Poder, a no ser que estemos hablando de la capacidad que tiene alguien de hacer algo (que no es el caso) implica siempre decidir sobre otro, ese es el principio de dominación. El agregado que se hace, el término popular, intenta añadir que es el pueblo el que debe decidir… ahora ¿sobre quién debe decidir, sobre sí mismo o sobre quién? El Poder popular no es la anarquía, no puede serlo, es su opuesto, es la antigua idea de dictadura del proletariado, y una “dictadura del proletariado” 49 siempre es una dictadura sobre el proletariado. Si bien Poder popular no explicita qué tipo de estructura es la que debe ejercer la potestad de mandar en un territorio particular (asamblea, organización social, partido, etc.), la coerción queda definida en la idea misma. El concepto de Poder popular intenta restablecer la idea de la dominación justa. Decir Poder popular no significa que el Poder estará en todos pues no se habla del poder como capacidad de hacer una cosa u otra. O el pueblo se “manda a sí mismo” o el pueblo tiene la facultad de hacer leyes, para lo cual surgirán las mismas estructuras sociales autoritarias de siempre, más o menos democráticas según se pueda. Como sus defensores no ocultan, el Poder se ejerce sobre otros, en relación con otros, en el caso del Poder popular ¿sería sobre las otras clases, sobre los “lúmpenes”, o sobre quién?

Véase que es muy distinto llamar al Poder popular que a la autodeterminación o a la autonomía. Una norma libremente acordada no necesita ser obligada. La autonomía no nos aleja de la realidad de las tensiones entre las personas, sus luchas y desencuentros, pero no restablece el principio de autoridad. Nuestro “no queremos mandar ni obedecer” queda perdido y finalmente bastardeado por los promotores del Poder popular.