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Nota El Sol Ácrata: “Ojo con los desarrolladores” es un artículo publicado en el N°30 de nuestro Periódico El Sol Ácrata, correspondiente a octubre del 2015. Desde una obra del surrealista Roberto Matta, en el escrito se reflexiona en torno a la circularidad del lenguaje formulado por los neodesarrollistas y progresistas varios, quienes amparados en una renovada jerga dan continuidad y profundización a los planes de saqueo capitalista en la región latinoamericana.

“Ojo con los desarrolladores”, nos advertía hacia 1972 un óleo del surrealista Roberto Matta. En la obra un giratorio centro esférico articula el poder generando espacios  fragmentados entre sí pero comunicadas por un lenguaje común. La circularidad de la imagen evoca las actuales formas de administración capitalista, la capacidad de este modelo por transformarse y adquirir nuevas formas, sofisticando sus dispositivos de control para garantizar su sobrevivencia. Hoy tendríamos que añadir ojo con los neodesarrollistas, sustentables, inclusivos, integracionistas, ecologistas, progresistas y adjetivos varios, a ellos la existencia del Estado les continua resultando favorable, tan solo disienten en las formas y en el lenguaje que éste y el capital deben adoptar en estos tiempos. Criticar estos discursos populistas, como reformadores de la miseria y continuadores del capitalismo, es parte de nuestra tarea hoy con la nueva/anquilosada izquierda aún en el gobierno en varios países de la región latinoamericana.

En primer lugar, debemos señalar que el proyecto de humanización del capitalismo, no es más que la adaptación y el perfeccionamiento de sus viejos modelos de explotación y sometimiento. La incorporación progresiva de la innovación, el conocimiento y la ciencia han configurado un modelo neoliberal extractivista de saqueo al continente, el que amparado en la demagogia “integracionista” de los gobiernos y organismos internacionales (UNASUR, MERCOSUR, ALBA etc.), está significando la destrucción de los territorios, la transnacionalización de los recursos y la degradación de las formas de vidas comunitarias. La demanda energética para la rápida circulación de las mercancías, se ha traducido en la construcción de mega infraestructura -tales como centrales termoeléctricas, corredores bioceánicos, regasificadoras, puertos de aguas profundas, entre otras,- coordinadas en planes de saqueo continentalcomo el IIRSA (Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Surámericana). Proyectos que han impactado ambiental y socialmente en los sectores más pobres de la sociedad, aquellos que no están invitados a las fiestas del progreso.

Por otra parte, abundan en la retórica de académicos, políticos y empresarios referencias a las “nuevas” formas de ejercer el poder. Democracia participativa, inclusiva, desconcentrada, articulación estado-sociedad y local-global parecen ser el nuevo bastión conceptual de la clase gobernante para mostrarse interesada por las problemáticas. La participación de la llamada “clase media” en los gobiernos ha implicado este cambio discursivo, alimentando la idea del progreso como un proceso evolutivo que han de seguir los países y las subregiones subdesarrolladas para así alcanzar los estándares de los países europeos. Algunos hablan en términos “endógenos” o locales, sin considerar la articulación mundial de los intereses empresariales y gubernamentales. En este proceso se importan modelos y se confía a la apriorística su suerte, viajan delegaciones de parlamentarios, pasantías de académicos, cumbres y congresos, todo con el fin de dar sustento ideológico a las nuevas políticas públicas. Se incurre en la ingenuidad/estupidez de creer que al remover los “obstáculos” que impiden el desarrollo, éste aparecerá por arte de magia. Nadie parece cuestionarse para quién es el desarrollo, quienes participan y quienes se quedan debajo de la mesa, o si lo hacen prefieren hacer caso omiso.

El capitalismo es inconcebible en términos de justicia e igualdad. Quién pretenda acomodarlo no acomoda más que su posición en este engranaje, en el que las posibilidades de participar están dadas en cuanto al consumo y la inseguridad, no en la toma de decisiones como su pretendida retórica quiere hacerlo ver. La socialdemocracia disfrazada de progresista embauca con estos discursos, sin embargo no resuelve la raíz del conflicto, las que se encuentran en la existencia misma del Estado y el capitalismo. Los gobiernos “progresistas” han sabido aprovechar esta coyuntura, poniendo en la agenda pública temáticas como la seguridad nacional y el “bien público”, justificando la militarización de las zonas en conflicto, la tele vigilancia de los espacios públicos y la aceleración de leyes represivas. De este modo, este modelo reafirma y profundiza la miseria en la región, es decir, el círculo vicioso sigue girando más fuerte que nunca.

Debemos advertir que la disidencia corre el riesgo de ser absorbida por el centro giratorio, asimilada como parte de su carnavalesca diversidad, si no experimenta constantemente nuevas formas en que la jerarquización del poder no tenga cabida. Es esta la aventura que debemos emprender, tanto en lo reflexivo como en lo práctico, romper aquel círculo llamado Estado y Capital. Atrás va quedando la explotación clásica del tipo obreros/capitalistas, para dar paso a una relación más compleja que aún nos falta explorar, pero de la cual ya conocemos la permanencia de la abismal separación entre explotados y explotadores. Nosotros ya hemos elegido nuestra trinchera. ¡Contra los desarrolladores y los progresistas! ¡Contra la democracia y sus defensores!

Larry Vera del Cerro.