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Nota Sol Ácrata: Interesantes reflexiones de un grupo de compañerxs de la región peruana, a propósito de la contienda electoral que se está dando en ese territorio, y la posibilidad de una nueva etapa fujimorista. Recordar es parte de nuestro arsenal en la lucha contra el poder, la violencia es una política inherente a los Estados, independiente de lxss titiriterxs que le toquen dirigirlo.

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Un 5 de abril como hoy hace 24 años, Alberto Fujimori, presidente electo democráticamente, anunció la disolución del Congreso de la República, lo cual le permitió el control directo de los poderes del Estado. Su gobierno fue responsable de posteriores casos de corrupción, control de medios, esterilizaciones forzadas, masacres del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN).

Recalcamos que los abusos cometidos durante su mandato:

– También pudieron haberse realizado con la aprobación del Congreso (si su partido Cambio 90 hubiera tenido mayor influencia o aprobación parlamentaria), sin la necesidad de disolverlo.

– No han sido simplemente “excesos” personales de algún jefe militar o miembro político por separado, han sido políticas de Estado, con un programa justificado formalmente y con profesionales (militares, médicos) ejecutantes.

– El fujimorismo es una organización política que no combatió ni acabó con el “terrorismo”, solo lo usó estratégicamente (incluso generando auto-atentados como el incendio de la sede central del Banco de la Nación) para legitimar su propio uso del terror como práctica política.

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El fujimorismo no es nuestro único enemigo. No sólo Fujimori o Alan García han asesinado al pueblo trabajador acusándolo de “terrorista” o “incivilizado”. Es el sistema capitalista, y su modelo de progreso explotador incompatible con la vida, el que nos mata constantemente. Es el Estado, como institución, junto a su aparato legal-militar, el principal instrumento político de la represión, la fuerza y la autoridad.

No importa quién sea la cabeza visible del gobierno. Todos los presidentes y gobiernos de la historia de este país han cometido atropellos y reprimido a sus opositores políticos, en dictadura y en democracia, han garantizado el dominio del capital sobre nuestras vidas, nos han enviado a la guerra para defender los intereses económicos de los poderosos y matarnos entre nosotrxs.

¡NO OLVIDAMOS NI PERDONAMOS LAS MASACRES DEL ESTADO!

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En América del Sur, una generación de gobiernos militares-dictatoriales fueron coordinados y preparados militarmente por la CIA a través de la Operación Cóndor (1970-1980), con el propósito de eliminar las prácticas subversivas y toda forma de oposición política al régimen. A través del terrorismo de Estado fueron vigiladxs, perseguidxs, asesinadxs y desaparecidxs miles de disidentes en todos los países de América Latina.

En la actualidad, la mayoría de jefes de Estado que desarrollaron estas políticas han muerto luego de ser juzgados y encerrados como Videla y Pinochet.

Los casos de presidentes o militares presos, como Fujimori en Perú, no nos devuelven a lxs miles de asesinadxs, solo sirven para lavar la fachada del Estado Democrático y legitimar la creencia de que “ya no estamos en dictadura”.

Aunque algunos políticos poseen más influencia que otros, individualmente todos los gobernantes son prescindibles y reemplazables para el sistema estatal-capitalista. Siempre hay nuevos postulantes (o se inventan, del mismo modo que se inventan opositores parlamentarios), sean o no de la misma familia de poder.

Las políticas de Estado (incluyendo las elecciones) son impuestas por las necesidades de los grupos capitalistas que administran cada país. Todo está planeado para que, electoralmente o no, ingresen alternadamente gobiernos con tendencias fascistas, de centro y/o progresistas. En la actualidad los gobiernos “progresistas” son la continuación moderna de los gobiernos conservadores-dictatoriales, cumpliendo una labor pacificadora y apagafuegos de los movimientos sociales sobrevivientes a la represión, canalizando sus demandas hacia medidas institucionales y conciliadoras con el poder.

Por eso insistimos: en elecciones solo cambian los presidentes, las bases económicas capitalistas y las dinámicas políticas del poder son las mismas.

¡QUE SE VAYAN TODXS!