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Nota el Sol Ácrata: El presente artículo corresponde a una versión ampliada del texto publicado bajo el mismo título en el N°27 de nuestro periódico El Sol Ácrata. La imagen que lo acompaña corresponde a un afiche que también circula por las calles antofagastinas. Consideramos urgente y necesaria su difusión en el combate constante contra el nacionalismo y la xenofobia que invade Antofagasta y la región chilena.

“Nuestros enemigos no serán jamás los trabajadores peruanos ni los de otra nacionalidad; los enemigos nuestros se han destacado bien alto, inconfundibles, y ellos son los militares, gobernantes y capitalistas;… los que han ordenado la represión y los potentados que nos explotan” (El Surco, Iquique, 15/XI/1918)

Desde hace algún tiempo, la economía chilena y su aparente “bienestar social” atraen la llegada de inmigrantes. Lejos de la caricatura que las autoridades y la prensa nos pretenden imponer, el arribo de estos “extranjeros” es un asunto mucho más complejo que la simple contienda patriotera, y devela algunas de las miserables contradicciones del capitalismo hoy en día: narcotráfico, redes de prostitución, tráfico de personas y el surgimiento de discursos racistas y xenofóbicos, los cuales son urgentes de combatir, atacando la ignorancia y los prejuicios.

Claramente no podemos idealizar los motivos que impulsan a las personas a migrar, pues los hay de variados tipos: quienes vienen a trabajar con la intención de enviar el sustento a sus hogares y la esperanza de un mejor porvenir, desempeñando incluso las labores peor remuneradas, aquellas que esta sociedad arribista ve con desprecio, así como profesionales y familias que emigran con la intención de continuar su formación o simplemente cambiar de aires. Así también hay quienes arriban con la intención de ejercer los despreciables negocios asociados al narcotráfico y las redes de prostitución, cuya bajeza rechazamos provengan del país que provengan. He aquí la clave para comprender el denominado “problema migrante”, rechazar la perspectiva nacionalista a la hora de abordarlo y profundizar en sus características como consecuencia directa del capitalismo y sus fronteras político-administrativas, las que incluso nos sesgan a la hora de hacer el análisis.

Como es sabido, las ciudades del norte del país se formaron principalmente en base a la migración. Desde los tiempos del salitre hasta hoy en día, estas tierras han acogido a familias provenientes de Bolivia, Perú, Argentina, Colombia e incluso del llamado “Viejo Continente”, siendo ingleses, españoles, yugoslavos, griegos y croatas los más comunes. Sin embargo, la situación pareciera ser bastante particular y selectiva, no es lo mismo ser migrante de una colonia europea que provenir de un país latinoamericano, particularmente de Colombia, Ecuador, Bolivia y Perú, países despreciados por el imaginario nacionalista y xenófobo que ha construido el estado chileno a través de sus aparatos mediáticos e ideológicos, como los medios de comunicación y la escuela.

En Antofagasta, pertenecer al selecto grupo de las colonias europeas es bien visto, incluso considerado un pilar fundamental del “patrimonio” y de la identidad regional, sobredimensionando los apellidos foráneos y el “aporte” de sus familias a la cultura local, sin reparar la enorme participación que estas colonias han tenido en la explotación y comercialización de los recursos naturales de esta zona. En cambio, a los oriundos de países latinos se les acusa de “robar empleos” y promover la delincuencia, atacándolos con discursos nacionalistas y xenofóbicos, los que pese a su doble estándar y nula capacidad organizativa, se van haciendo más común en la boca de l@s antofagastin@s y también en las paredes de esta ciudad, las que ya ostentan una gran cantidad de rayados de tinte racista.

Como vemos, en esta tierra la xenofobia está intrínsecamente ligada al nacionalismo, es decir, en base al odio injustificado por la simple razón de nacer de un lado o de otro de las fronteras, impidiéndonos ver la miserable condición en que nos tiene acorralados el capitalismo en cada rincón del planeta. Sin reparar en esto, hay quienes justifican redadas a inmigrantes, leyes de inmigración y persecuciones nacionalistas, alimentando prejuicios, cómo la estupidez de asociar a los inmigrantes a la prostitución y el narcotráfico. No negamos que estos problemas golpean en todo el orbe, pero creemos de una mentalidad fascista asociar oficios y profesiones a ciertas banderas, envenenando por sobre todo las mentes de los más pequeños, los que reproducen ciegamente estas malintencionadas aseveraciones.

Como anarquistas estamos en contra de la xenofobia y del patriotismo, rechazando todas las fronteras físicas, mentales y económicas que se nos imponen. Sabemos que el enemigo no son aquellos que enfrentan nuestros mismos problemas, sino quienes los generan e impiden su solución. Hablamos de los capitalistas, los mismos que por un lado rechazan la inmigración, mientras que por otro la utilizan como mano de obra barata para sus empresas. Las patrias son un pilar fundamental del capitalismo, ellas someten a la competencia forzada a los pueblos, buscan impedirle visualizar los problemas que los hermanan; la pobreza, el sometimiento y la censura. Hoy, como ayer, pretenden pelearnos entre nosotros, para seguir ganando los de siempre. Rechacemos ese rol, el capitalismo nos arrebata la vida a todos; vengamos de Colombia, Perú, Chile, Bolivia, Argentina o Haití. Demonos cuenta que son los estados y los empresarios quienes nos explotan, robándonos lo que generamos y defendiendo su existencia con banderas e himnos falsos. Como escribía la pluma de Rafael Barret: “el patriotismo se cree amor y no lo es. Es una extensión de egoísmo, una apariencia de amor”.

Grupo El Sol Ácrata
Abril, 2016