Por Emma mAúpo.
Publicado en El Anárquico Nº4, Mayo 2015

La economía como un fenómeno en sí misma, no debe ser comprendida sólo a través de los conceptos de oferta y demanda, por lo que también se puede entender desde formas exentas de la acumulación de capital.

Los diferentes grupos humanos que han habitado la tierra durante siglos han establecido una serie de economías muy distintas y diversas al actual e imperante sistema capitalista. Economías que se configuraban a partir de acuerdos sociales ligados al intercambio, dones, regalos, trueques, etc., esto se establecía a partir de reconocer ciertos objetos como iguales y por tanto dignos de ser intercambiados.

Se generan relaciones sociales, ritos y tradiciones a partir de economías que no tenían un capital monetario con un sujeto calculador por detrás. Economías políticosociales muy diferentes a las que estamos acostumbrados nosotros donde el billete es la forma por excelencia de obtener un bien material.

Pierre Bourdieu busca conocer y desarrollar los principios generales de una economía de los bienes simbólicos, esto paradójicamente consiste en el interés por el desinterés. El intercambio de obsequios es quizás la práctica más característica de este tipo de economía, en donde una persona realiza un obsequio a otra y luego ésta lo devuelve como un contra obsequio. El regalo aquí puede ser visto como una desgracia, ya que hay que devolverlo, generando de esta forma una agresión a la libertad de quien lo recibe, ya que obliga a devolver algo y esta devolución debe ser mejor de lo recibido.

Este tipo de economía se utilizaba entre diversas tribus como modo de prestigio y generar estatus social, una de ellas y de las primeras descritas por Occidente fue entre los Trobriandeses, quienes tenían un avanzado sistema económico sostenido en el Kula, el cual es un tipo de intercambio intertribal entre varias comunidades que ocupan un amplio círculo de islas, consiste en dos artículos que se mueven en sentidos contrarios, por un lado largos collares de concha roja (Soulava) y por otro los brazaletes de concha blanca (Mwali). Aquí las personas no podían tener los artículos por más de dos años y las transacciones debían ser equitativas.

Para poder comprender la economía de los bienes simbólicos hay que aceptar la contradicción que existe entre la verdad objetiva y la subjetiva. Para una persona puede tener más valor “x” objeto que para otra. Conocida es la historia de los españoles que en plena conquista cambiaban pedazos de vidrios por oro. En este sentido la dualidad es posible y se puede vivir con ella a partir del engaño y el desconocimiento colectivo. Se generan actos de dominación simbólica, la cual se basa en el desconocimiento. Por lo demás debemos tener en claro que los bienes, cosas u objetos adquieren valores distintos de acuerdo a un momento determinado.

La economía capitalista actual consiste en que el precio determina el intercambio, se obtienen bienes materiales e inmateriales (como los estudios) a través del dinero, precios que son determinados por el mercado, la oferta, demanda, etc. Esto en oposición a la economía de los bienes simbólicos donde el precio es implícito y no debe ser conocido por la persona que recibe el obsequio, esto produce un tabú de la explicitación, al quedar “implícito” el valor de las cosas intercambiadas.

Para que un intercambio simbólico funcione es necesario que ambas partes tengan los mismos sistemas de valoración. Asímismo habían sociedades que practicaban las denominadas economías de subsistencia, estas consistían en la no acumulación de los recursos, dándose un equilibrio entre la fuerza de trabajo y la producción. Un grupo de personas de forma organizada produce lo necesario para su existencia, este equilibrio se rompe cuando se vende la fuerza de trabajo y produce excedente.

Son varias las razones por las cuales una o un grupo de personas puede decidir vender su fuerza de trabajo, de un tiempo a esta parte podemos evidenciar que muchas personas han dejado sus campos, han dejado de tener economías domésticas para poder acceder a objetos sobre todo ligados a la alta tecnología y los estudios de sus hijos. Esto conlleva a una proletarización en pos de obtener pagos en dinero- billetes, ya que es la única forma de poder acceder a estos, dejando atrás huerta, recolección, pesca u otras actividades que no sólo servían como prácticas para la subsistencia, sino como medio de intercambio de alimentos, madera, u otros. El dinero de esta manera se ha convertido en la forma por excelencia de poder acceder a bienes materiales e inmateriales.

Cuando se disuelve la economía doméstica se pasa a un proceso muy distinto en donde se debe producir, comercializar, distribuir y consumir los diferentes bienes. Hay una cantidad de recursos limitados, frente a una cantidad ilimitada de necesidades, algunas reales otras creadas o ficticias. En todo esto resulta fundamental el establecimiento y perpetuación de la familia, como núcleo de personas que en pos de intereses económicos perpetúan los conflictos el des amor y una serie de conductas enfermas para la reproducción del cápital. La familia como uno de los lugares por excelencia de acumulación, conservacion y reproducción de diferentes tipos y formas de capital.

De lo anteriormente descrito sacamos en limpio que ha habido diferentes formas de organización y de entender la economía, modos que generaban relaciones sociales más profundas que las que hoy se establecen, donde la mayoría de las personas deben acudir a vender su fuerza de trabajo.

De las diversas formas de relacionarse las más amables y cercanas a lo que nosotros como anarquistas planteamos en torno a la “economía” es lo que se crea a partir de nuestras relaciones sociales, las cuales descansan en la reciprocidad, cooperación y despiertan actitudes de confianza entre nosotros, esto se traduce en lo mínimo que podría hacer el ser humano para poder relacionarse de una forma digna.