Publicado en El Sol de la Cangalla Edición especial Mayo 2015
Por Cristian Battaglia

“Se ha dicho que los anarquistas son una traba para la emancipación
pacífica de los trabajadores, porque se oponen a las reformas. Ese es
un error doble; los anarquistas no son enemigos de las reformas ni las
combaten; combaten las mentiras de aquellos que las presentan como
fin a los trabajadores, sabiendo que son malos arreglos, cuando no embustes”
Jean Grave

Pensamiento y Voluntad, Bulgaria, 1930.

Pensamiento y Voluntad, Bulgaria, 1930. (Compartida por V. Muñoz)

La reforma laboral había sido una de las principales demandas de las y los trabajadores en los últimos años. Todos entendíamos que era necesario que el Código del Trabajo, aquel maldito texto elaborado por la Dictadura para hacer más pesada la carga al trabajador, había que eliminarlo. La Nueva Mayoría, en conjunto con una serie de demandas que tenía la sociedad, las incluyó en su programa de gobierno, prometiendo en pleno período electoral el fin del Código del Trabajo, la educación gratuita, entre otras grandes reformas. Ya en el gobierno, la Nueva Mayoría se ha encargado de demostrar su carácter profundamente reaccionario, haciendo que aquellas reformas tan rimbombantes se transformaran en proyectos de ley que solo vienen a reforzar los pilares levantados en el pasado. Así sucedió con el Binominal, así sucede ahora con la Reforma Laboral.

Para suerte de nosotros, un gran porcentaje de las trabajadoras y trabajadores, ha entendido que esta reforma no viene a solucionar ninguna de las problemáticas que los aqueja, más bien viene a perpetuar el Código Laboral. Si bien podemos decir que hay “aspectos positivos” dentro de la reforma, si los miramos con mayor detención, estos solo sirven al empresariado, esto a pesar de la hostilidad que han demostrado los dueños del país hacia la reforma. Veamos.

El principal caballo de batalla de la reforma es la titularidad sindical, que no es mas que el reconocimiento del Sindicato como única organización válida para sentarse a negociar con el empleador; esto mismo provoca que los beneficios logrados luego de una negociación colectiva pasen a ser solo de aquellas personas que se encuentran sindicalizadas, dejando al margen al resto de los trabajadores, siempre y cuando ambas partes (empleador y empleado) dejen estipulado que los beneficios se extenderán hacia la totalidad de los y las obreras de la empresa.

Con esta medida se elimina la injerencia de grupos negociadores y otras organizaciones representantes de trabajadores. Hasta ahí todo bien, estamos de acuerdo que el sindicato debe ser el organismo que se encargue de la representación de los y las trabajadoras, pero si miramos con mayor detención este punto, podemos concluir que la titularidad sindical vendría a beneficiar al empresariado más que a los trabajadores mismos. En primer lugar, creemos que toda negociación debe darse entre las partes aludidas, sin mayor injerencia de terceros. En esta reforma, el Estado adquiere un rol más que protagonista, ya que influye directamente en la negociación, esto a través de la Dirección del Trabajo y de los Juzgados del Trabajo, creando así una falsa concepción de arbitraje (ya sabemos para quién trabaja el estado).

Pero esto no es lo más grave del asunto: la reforma laboral criminaliza toda acción que no se enmarque dentro de la “norma legal” en el proceso de negociación, en otras palabras, toda acción no pacífica será criminalizada, siendo los dirigentes los principales responsables de toda acción violenta que se genere dentro de una huelga, arriesgando estos incluso penas de cárcel. Bien sabemos la naturaleza represora del estado chileno y el empresariado, ya conocemos de montajes y falsos entramados judiciales usados por el poder para criminalizar todo pensamiento divergente. ¿Ustedes creen que no se usará esta nueva figura legal para criminalizar huelgas, o para destituir dirigentes sindicales no afines a los intereses de la empresa? En este punto en específico, se busca detener y limitar las acciones dentro de una negociación colectiva, beneficiando así enormemente a los empresarios.

Otro eje “positivo” de la reforma es el fin del reemplazo en huelga, esto ampliamente celebrado por algunos sectores afines al gobierno dentro de las y los obreros. Cabe destacar que estos seres jamás nombran que una de las obligaciones del sindicato es mantener los servicios básicos en funcionamiento, ¿pero como podemos definir cuales son los servicios básicos que permitan el funcionamiento de una empresa? Otra vez caemos en lo subjetivo. Por ejemplo, en un supermercado un servicio básico sería la venta de comida, ¿como pretenden que las y los huelguistas hagan presión si no se ataca el motor principal de la empresa? Aquello de mantener los servicios básicos de la empresa es un blindaje al principal aspecto económico de esta, reduciendo así los efectos colaterales de tal o cual huelga, disminuyendo así el poder de la última.

En cuanto a los ejes negativos de la reforma, no terminaríamos nunca. Ya hablamos de la criminalización de la huelga, pero también cabe destacar que no se nombra por ningún lado en este proyecto de ley a la negociación colectiva por rama. El que no se permita esto provoca dispersión de fuerzas. Si volvemos al ejemplo del supermercado, el que no se pueda negociar por rama, hace que las negociaciones colectivas se reduzcan solo a supermercado por supermercado, impidiendo a los trabajadores el irse a huelga en todo el país; es así que un supermercado puede estar movilizado, mientras el resto de los establecimientos de la empresa funcionan correctamente, haciendo que ese paro no afecte en casi nada al empleador, reduciendo su fuerza y capacidad de movilización, apostando así al fin natural de la huelga por falta de energías, no por encontrar una solución a sus demandas.

Y si continuamos analizando la reforma, vemos que la criminalización y sofocación de la huelga es un aspecto esencial de esta aparente “nivelación de cancha”, como dijo el gobierno. Aparte de amenazar con cárcel todo acto violento dentro de la movilización, también se busca que el estado este en todo el proceso negociador. Sin ir mas lejos, la Dirección del Trabajo a partir de esta reforma, tendrá la facultad de intervenir en las negociaciones ya sea de manera voluntaria, a la fuerza y obligatoria, esto a través de la mediación o el arbitraje, y ya sabemos para quién pita y para quién no el estado. Otra opción que otorga al estado permisos para intervenir y sofocar una huelga, es la facultad que entrega a los juzgados de letras de ordenar la inmediata reanudación de faenas por mandato del empleador o del sindicato. A todas luces, la huelga se transforma en un circo romano en donde los y las trabajadoras deben luchar contra leones, mientras el estado observa, se entretiene y decide la muerte o no del esclavo (el/la trabajador/a). También cabe destacar, que la reforma laboral considera legal la huelga solo bajo las condiciones de una negociación colectiva, dejando al margen de la legalidad toda acción sindical que tenga como motivo otro tipo de reivindicaciones externas a lo económico, es decir, podemos despedirnos de toda huelga en solidaridad de tal o cual paro; ya será imposible ver a portuarios y mineros unidos en movilización solidaria. A todas luces, esta reforma trasforma al paro en un entramado jurídico, en una serie de negociaciones burdas y burócratas, desconociendo así el carácter eminentemente revolucionario de toda huelga, ya que esta es la única arma que posee la/el trabajadora para hacerse escuchar, para lograr alivianar la pesada carga de ser un engranaje más dentro del sistema capitalista.

¿Y que tenemos que decir los y las anarquistas ante todo esto? Mucho tenemos por expresar. A pesar de tener una nula influencia en el movimiento sindical, nosotros y nosotras, al igual que la mayor parte del mundo, somos parte de la clase social destinada a hacer funcionar el mundo, mientras otros disfrutan de los placeres de la vida. Nuestra idea surgió, se fortaleció y ha encontrado tierra fértil en los oprimidos del mundo. Hoy la burguesía chilena nuevamente busca fortalecer y hacer más pesadas las cadenas al trabajadora/or, busca limitar nuestro derecho a huelga, busca deslegitimar y criminalizar toda acción de autodefensa, busca la desunión del movimiento sindical al desconocer la negociación por rama y al negar las huelgas en acción solidaria. La burguesía chilena desea con esta reforma dar un último golpe al ya debilitado movimiento sindical chileno. Si se aprueba esta reforma, se ve muy negro el panorama para los y las trabajadoras de este lado del mundo. ¿Permitiremos realmente eso? ¿permitiremos que nos quiten la Huelga, única arma que poseemos las y los obreros, para adaptarla a sus intereses y hacerla afín al sistema capitalista, tal como lo hicieron con los sindicatos? Yo no tengo la respuesta ante tal pregunta, pero en el fondo de mi corazón espero que no lo permitamos, que entendamos que a pesar de las variaciones en el modelo de organización social, el y la trabajadora siguen siendo la principal fuente movilizadora de la máquina, y así como pueden hacerla funcionar de mejor manera, pueden destruirla también.

Si los y las anarquistas nos llamamos amantes de la libertad, y si es que luchamos por un mundo sin jerarquías, debemos entender que el único fin de esta reforma es someter aún más a nuestros compañeros y compañeras trabajadoras, y ante tal arrebato de autoritarismo, el quedarnos inmovilizados sería profundamente reaccionario. Vienen semanas de profundo debate, no nos quedemos al margen de este, compañeras y compañeros, y entendamos que para que el anarquismo salga de su profunda crisis, es necesario el participar dentro de la sociedad, el crear nuevas propuestas y métodos que ofrezcan soluciones reales a las personas. Dejemos un poco lo panfletario, paremos con la crítica nihilista y postmoderna de que el trabajador/ciudadano esta contento con sus cadenas y las acepta, y veamos la realidad. Aterricemos un poco de aquel planeta anarquista lleno de teorías y libros bonitos, y veamos nuestra realidad. Empecemos a participar dentro de aquellas luchas que nos permitan un mayor bienestar, solo así podremos conseguir la destrucción de este sistema. Si realmente creemos que el sistema se destruye de un rato para otro, es que tenemos cero capacidad analítica. A participar compañeras/os, a dejar el ostracismo y a difunidr por todos lados la anarquía, que mientras pasamos encerrados/as leyendo periódicos y debatiendo eternamente, en nuestras narices nos pintan reformas para someternos aún mas. Que la anarquía no sea una droga para evadir la realidad, al contrario, que sea la principal motivación para luchar contra este sistema.