IMG_0361Este texto es un resumen de unas críticas al veganismo que aparecieron en el artículo, “Veganism: Why Not”, todavía no traducido al español.

Hago las críticas desde una perspectiva y práctica anarquistas, con fuertes influencias anti-civilización y ecologistas. Es decir, lucho por la liberación animal. Lucho por un mundo en que ningún ser vivo esté encarcelado. Espero que se reciban estas críticas con un espíritu solidario, aunque para muchas compañeras y compañeros, el veganismo ya se ha convertido desde hace tiempo en un tema identitario, expresándose a través de la exclusión y el asco hacía el otro más que a través de la razón y la autocrítica.

Matices sobre la liberación animal

Para empezar, quiero matizar mi apoyo por el concepto de liberación animal, porque también tengo críticas de unas corrientes o potencialidades de ésta. Apoyo la liberación animal sólo en cuanto ésta signifique que ningún animal debería vivir en una jaula o sometido a una industria, y que nuestra lucha y nuestro análisis deberían ser biocéntricos en vez de antropocéntricos,es decir, que vivimos sólo gracias a la Tierra y es autoritario, cristiano y hasta suicida ponernos por encima de la tierra o los otros seres vivos.
No obstante, me niego utilizar la palabra “liberación” para referime a la liberación concedida a seres ajenos. Creo que se trata de una mentira cuando se utiliza la expresión “los liberamos a ellos,” tanto si se dice “liberamos a los (otros) animales” como “liberamos a los iraquís.” El concepto de especismo se debe a la idea liberal de igualdad. No somos iguales con otros animales. Como seres sociales (tipo lobos o monos) tenemos relaciones con otros miembros de nuestra especie que no se pueden elaborar con otros animales. No se trata de superior o inferior, sino diferente. Una de las características únicas que se puede dar sólo en relaciones humanas es la solidaridad. La solidaridad se sostiene a base de la mutualidad, la comunicación crítica, la capacidad de luchar y la autonomía de las luchas. No puede haber solidaridad con víctimas. Y dado que los otros animales no pueden luchar para derrotar el capitalismo, no puede haber solidaridad con ellos. Amor, compasión, cariño, aprendizaje, cuidado y muchas otras cosas, pero solidaridad no.
La izquierda ya ha tergiversado bastante el concepto de la solidaridad, aprovechándose de dificultades o desigualdades en la comunicación para subordinar otras luchas a la suya en nombre de una caridad disfrazada de solidaridad. Ya ha pasado muchas veces, a menudo entre partidos de izquierda y luchas indígenas, por ejemplo.

Por eso se deberían cuidar los conceptos de solidaridad y liberación en vez de contaminarlos con ejemplos equivocados. Es urgentemente necesario rescatar o salvar animales apresados por las varias industrias que les explotan, pero llamemos a las cosas por sus nombres precisos. Si una lucha se fundamenta en salvar y rescatar a otros seres que no son por sí capaces de liberarse, es mejor no disfrazar su naturaleza cristiana hablando falsamente de “liberación” y “solidaridad.”

También critico el concepto de liberación animal por su cercanía a los de derechos animales. Hay un gran peligro teórico, encaminado hacía el liberalismo, en separar a los animales de los otros seres vivos, de la red viva que es la Tierra, y señalarles como sujetos políticos que necesitan de una protección. Extender el supuesto derecho a vivir a los otros animales es como incluir a las mujeres y personas no blancas en la sujetividad democrática creada por hombres blancos y ricos; no se trata de extender la libertad sino de universalizar la dominación.

Lo siguiente consiste en unos argumentos que se puede encontrar elaborados más profundamente y con más pruebas en el artículo anteriormente citado, por si a alguien le interesa traducirlo.

La coherencia anarquista

El veganismo se basa en una idea equivocada de la coherencia. Muchas y muchos anarquistas a favor de la liberación animal se convencen en su decisión de adoptar una dieta vegana pensando que una debería ser coherente entre sus ideas y sus prácticas. Si alguien está en contra de la explotación animal, no debería consumir productos animales. Parece lógico, pero la lógica en cuestión es plenamente capitalista. También estamos en contra del Estado, del capitalismo y del ecocidio pero andamos por la acera pública, vamos en bici o auto por las calles y carreteras construidas por el Estado, fuimos a escuelas subvencionadas por el Estado, gastamos electricidad producida por una colaboración de empresas capitalistas y el Estado, cuando nos enfermamos acudimos a clínicas o hospitales que o pertenecen al Estado o a una empresa privada, vestimos con ropa producida por obreras maltratadas empleadas a propósito de la acumulación de capital, cualquier cosa que compramos fomenta la acumulación de capital y fue transportado en un automóvil o avión así contribuyendo al cambio climático y toda la comida que compramos, robamos o reciclamos es mercancía capitalista. Hacemos todas estas cosas vergonzosas no porque somos hipócritas sino precisamente porque nos están impuestas, porque vivimos en un mundo dominado por un Sistema que no nos deja otra opción sino luchar.

El veganismo pretende evadir las consecuencias de la explotación animal, o “no participar.” Pero la “no participación” es ilusa, irreal, imposible. Si fuese posible no participar en el capitalismo, no sería necesario morir luchando. Todos podríamos simplemente optar por la no participación y el capitalismo no podría extenderse e imponerse a nuestras vidas. Pero es una fantasía. La base ética del veganismo existe en plena contradicción con el anarquismo y la crítica al capitalismo. Si el veganismo tiene razón, la revolución no. Tenemos que ser consecuentes: ¿es posible “no participar” o no? Las dos visiones no son compatibles.

La coherencia vegana es una coherencia de ciudadano, de consumidor, que pretende vivir en acuerdo con sus principios según sus elecciones de consumo. La coherencia anarquista tira por un camino contrario. La coherencia anarquista nos exige luchar, destruir las estructuras y opresiones impuestas, crear nuevos modos de relacionarnos entre nosotras y con la tierra. Nos exige desarrollar prácticas que fluyan de nuestras ideas y criticar las ideas según nuestras prácticas. Nos exige llevar nuestras inquietudes y nuestra lucha a la cotidianidad. Pero una cuestión exclusivamente capitalista—el consumo—no cabe en la práctica. Un consumo alternativo no tiene lugar en una lucha anarquista. Es otra imposición más con la cual soñamos destruir.

El comprar carne, comprar cuero, comprar algodón o comprar tofu es todo igual, son únicamente imposiciones que nos provocan rabia y que no pueden existir en un mundo sin autoridad.

Un análisis equivocado del capitalismo

Hay los que creen que mientras todo consumo es malo, hay algo peor en comprar productos animales. Esta creencia, fundamental en el veganismo, conlleva un análisis equivocado del capitalismo.

Mientras la democracia pinta el consumo como un tipo de elección entre varios productos-candidatos que el ciudadano puede apoyar o no—una visión que el veganismo ha tragado—el hecho es que el Capital es único. No existe una industria animal como algo apartado. Comprar cualquier cosa, desde harina de garbanzo hasta una hipoteca, alimenta todas las industrias y la acumulación de capital en general. El movimiento de capital que se provoca cuando tú pagas tu alquiler o compras gasolina para tu auto (o una nueva rueda para tu bici) pasa por el banco acreedor y de ahí se vuelve a invertir en cualquier empresa, que fácilmente podría ser una empresa de explotación animal. Tampoco importa si es una empresa con un alto margen de ganancia. Ésta sirven para generar rentabilidad sobre la inversión, pero también le sirven a los bancos para invertir en empresas que pierden dinero porque así pueden reducir sus impuestos o acumular capital fijo.

Tarde o temprano, el dinero que gastas va a pasar por la industria animal. Y si sólo nos fijamos en la industria alimenticia, será más temprano que tarde. Las frutas que compras están polinizadas por abejas que están comercialmente explotadas. La verdura que compras está, en muchos casos, abonada con estiércol animal que los agricultores compran al por mayor en las granjas-fábricas. ¿La solución vegana? La única alternativa es el abono petroquímico, producido de petróleo (que es un producto de animales que murieron hace millones de años). Ni hablar de los millones de animales matados por los tractores imprescindibles a la monocultura, por la destrucción de la selva, por el uso de químicos. La destrucción de la selva está fomentada actualmente por la cultivación de la soja, impulsada simultáneamente por el consumo de las vacas y cerdos encarcelados en las granjas-fábricas, y por el consumo de humanos que piensan que la soja constituye un alimento sano, gracias en gran parte a los vegetarianos y veganos.

Luego, encontramos el hecho de que la comida vegana está producida y vendida por las mismas empresas que también producen y venden productos animales. Compres lo que compres, el dinero se destina también a la industria animal. Los supermercados y las multinacionales que controlan casi todo el mercado alimenticio son los mismos.

Pero el veganismo, al pretender no participar de esta maraña, obvia la naturaleza y el funcionamiento del capitalismo y entrena a sus partidarios en una ignorancia escandalosa de lo que realmente es el capitalismo. Lo que consigue, al contrario, es una conciencia del capitalismo más cercana al liberalismo, es decir, al propio capitalismo.

Es peor, el veganismo se convierte fácilmente en una herramienta del capitalismo. Actualmente, el capitalismo tiene mucha necesidad de mostrarse “verde”. No tan sólo para ganar dinero, sino para evitar un conflicto cada vez más grande y para manejar y suavizar una crisis ecológica que ya ha sembrado más daño económico e inestabilidad que las luchas antisistémicas. Los mismos veganos han señalado el camino del capitalismo verde, promoviendo discursos reformistas en que se demuestra que un consumo vegano utiliza menos recursos, por ejemplo, hablando de toda la alimentación y agua que consumen las vacas y cerdos (industriales) que están enjaulados por el consumo humano. Los mismos capitalistas y estados ya están buscando una manera de reducir su “huella ecológica”, de permitir que una población mundial sostenida por las estructuras industriales siga creciendo, y el veganismo es una buena respuesta. Ya en los Estados Unidos y paises del norte de Europa, el vegetarianismo y el veganismo se han normalizado y comercializado.

Pero no se habla de la posibilidad de una confluencia entre los intereses del veganismo y del capitalismo. Incluso suelen desconocer los veganos que una reducción en el consumo de un producto puede, en un mercado capitalista, provocar el aumento del consumo total de este producto. Una posible consecuencia de una reducción del consumo es la reducción en los precios, que puede permitir que los otros consumidores consuman más. Eso es exactemente lo que pasó en los 80 en el contexto de campañas de reducción de consumo de electricidad por las ONGs ecologistas reformistas. Fomentando el uso de aparatos de alta eficiencia y la reducción del uso, contribuyeron a la reducción total de los precios de electricidad, lo cual permitió a los grandes usuarios—las empresas y las fábricas—consumir mucho más. El veganismo está repitiendo en parte una estrategia que surgió de un pensamiento reformista y procapitalista hace 30 años.

¿Este tipo de ignorancia vamos a permitir en nuestros entornos, y además disfrazado de lo más radical y coherente? ¿Exactemente qué de libertario y anticapitalista tiene el veganismo, aparte de los parches?

Una moral cristiana

Como veremos a continuación, ningún mundo sin capitalismo e industrialización sería vegano. Pero muchos veganos consiguen atar el veganismo al anarquismo haciendo equivalencia entre matar y dominar. Pero no son iguales. De hecho, matar en su fondo es un acto no autoritario, porque la autoridad necesita dominar precisamente formas de vida. Necesita condicionar, disciplinar, someter y dejar vivo. Mata sólo para educar o amedrentar a sus otros súbditos.

En occidente, el rechazo al asesinato proviene del cristianismo. El concepto de un derecho a vivir se basó originalmente en la idea de que nuestras vidas pertenecen a Dios, por lo tanto no podemos quitarlas, ni por el aborto, ni el suicidio ni la eutanasia. La Biblia justifica el asesinato de animales diciendo que Dios creó los animales para nuestro uso. Pero el veganismo sólo modifica este antropocentrismo, extendiendo el derecho a vivir sólo a los seres que más se parecen a nosotros. Las plantas y otras formas de vida se excluyen, y en muchos casos la justificación para respetar a los animales es porque tienen cerebros o sistemas nerviosos como nosotros.

En una sociedad no alienada de la naturaleza (que son las únicas condiciones que podrían producir el veganismo) es absurdo este concepto. Nadie tiene derecho a vivir. Al contrario, todos tenemos la certeza de morir. Matar es una actividad natural. Se puede hacer, como cualquier cosa, de forma respetuosa, de forma autoritaria, de forma cruel, etcétera.

Es interesante que Ted Kaczynski también critica al veganismo, porque ninguna cultura primitiva era vegana, y hace una relación entre la moral vegana y la moral cristiano, comparando el no comer carne con los ayunos de los cristianos antes de su Semana Santa.
A la alienación moral que aparta a los seres humanos de la naturaleza, el no considerarnos animales, el no permitirnos ciertas actividades porque “sabemos mejor” también hay que destruirla.

Hacia una liberación ecocéntrica

No es un paso en absoluto hacía la liberación consumir comida vegana producida a través de la explotación de trabajo migratorio, el uso de abono químico hecho de petróleo que está alimentando “zonas muertas” en el océano, el uso de pesticidias y herbicidas que matan a millones de pájaros, bichos y seres humanos, el uso de maquinaria pesada que aplasta la tierra y produce una gran parte de los gases de efecto invernadero, la manipulación genética que tiene consecuencias desconocidas, el procesamiento de grandes fábricas que también conllevan la explotación y la contaminación con químicos, y la distribución a través de supermercados que también explotan, aumentan la precariedad, malgastan escasos recursos y constituyen la culminación de una cadena de alienación que nos separa de la tierra y de nuestra propia alimentación.

Una dieta vegana es una mierda. Toda dieta dentro del capitalismo (y todos estamos dentro del capitalismo) es una mierda, pero los anarquistas omnívoros no reconocemos la mierda que comemos como un paso adelante en la lucha ni “ser coherente” ni otra de las hipocresías que promueven los veganos.

Pero una crítica a la industrialización de la alimentación sí que puede llegar a un paso adelante en la lucha por la liberación total. Poner en práctica esta crítica más profunda—y no la crítica socialdemócrata a la “crueldad” más reconocible en un análisis antropocéntrico porque la sufren otros seres que también tienen dos ojos que nos miran desde la propaganda cara de ONGs animalistas—consiste en atacar las industrias, las fábricas, los supermercados, los bancos que las financian y los estados que los subvencionan, y también en ocupar terrenos, defender bosques y campos, recuperar conocimientos de cultivación, recolección y caza.

El consumo no tiene nada que ver. Se trata únicamente de ataque contra lo que nos contamina y nos enajena de nuestra alimentación, de toma de espacio usurpado por el capital, de autodefensa de lo poco que nos queda y de autoorganización de nuestra alimentación.

Y resulta que el veganismo constituye un estorbo en el desarrollo de tal práctica. El veganismo, ideología plenamente urbanizada, no hace diferencia entre los ricos que cazan para ocio y como símbolo de su dominio, y los millones de personas pobres o indígenas que siguen cazando y recolectando (actividades complementarias desde el principio de nuestra espécie) para su alimentación. Algunos lo hacen de forma cruel e insostenible, gracias a las influencias de las religiones y economías del poder que ha extendido la civilización, mientras otros lo hacen de forma respetuosa y equilibrada. Es una distinción muy importante que el veganismo no es capaz de hacer.
El veganismo también se desvanece con la experiencia de cultivación. Un huerto vegano puede durar unos años, generando alguna experiencia anécdotica, pero no es casualidad que nunca ha existido en la historia ninguna cultura cultivadora vegana. En la práctica no se pueden separar a los animales de las otras formas de vida. La tierra, las plantas, necesitan relacionarse con animales—con el estiércol y la muerte de animales—para vivir. Los mejores huertos funcionan como ecosistemas, con ciclos nutritivos entre plantas, tierra, sol, agua y animales como gallinas o caballos. Una comunidad liberada no se ve como el explotador de estos ciclos sino como una parte de ellos que también dan alimentación a las otras partes igual que reciben alimentación de ellos.

Manipulaciones relacionadas con la salud

En la lucha por la liberación total, es también necesario combatir la abstracción del racionalismo y exigir una corporalidad de nuestras teorías, o sea que siempre devienen de y vuelvan a la realidad vivida, que la teoría jamás sea una imposición dogmática a nuestros cuerpos sino reside en y se forma a partir de ellos.

El veganismo se ha convertido en otra abstracción que hace daño a nuestros cuerpos. Siguiendo la lógica de que la explotación animal = malo ; por lo tanto, no hay que consumir los productos animales, se ha impuesto otra norma sin que nuestros cuerpos nunca hayan podido entrar en el diálogo.

Muchas y muchos veganas y veganos, dando más importancia al evangelismo de su norma que a la investigación crítica, han difundido mucha desinformación que pone en peligro la salud de sus practicantes. Las diez páginas de información técnica que harían falta para comprobar los siguientes argumentos estarían un poco fuera de lugar en un texto de estas dimensiones; además simplemente facilitar la información precisa no solucionaría el problema fundamental, él de animar a la autoinvestigación crítica entre compañeros vergonzosamente vagos a la hora de leer e investigar.

Una tarea esencial, y generalmente descuidada por las compañeras y compañeros, es no tan sólo leer la información de las páginas afines—en este caso las páginas veganas—sino leer también las páginas contrarias y ver cuales son capaces de desmontar los argumentos del otro. Desafortunadamente, en vez de hacer eso, muchas y muchos compas caen en un relativismo despreciable, parecido a lo de los cristianos cuando justifican su pseudociencia, que hay muchas teorías y cada una tiene sus propios datos, imposibles de desmontar—postura tan patética como erróneo.

A continuación, vamos a desmontar uno de los mitos más comunes sobre la salud vegana, con unas pistas sobre como comprobarlos. Los argumentos más detallados están elaborados en el artículo anteriormente mencionado. Para una investigación más profunda, está muy bien recurrir a las revistas científicas con procesos de evaluación por pares. Ojo que la mayor parte de información científica está en inglés, pero de verdad, el lenguaje científico es muy común entre inglés y español (la mayoría de las palabras siendo de origen latin) y cualquier persona que investigue estos recursos, independiente de su lengua materna, tiene que aprender toda una terminología nueva. Wikipedia es un recurso genial para el aprendizaje de ésta.

La comida vegana NO es una buena fuente de hierro. Hay varias trampas que se han utilizado para propagar esta mentira. Por ejemplo, que las espinacas tiene más hierro por 100 calorias que la carne. ¿Pero que son los calorias? No es una medida de volumen ni de peso, sino de energía. Dado que las espinacas casi no tienen calorias, tendrías que comer espinacas hasta vomitar para conseguir el hierro que hay en un plato de carne.

Además, el cuerpo no es una máquina. Comer no es ir a la gasolinera y llenarte con los químicos necesarios. Investiga la diferencia en absorción entre hierro de origen animal y hierro de origen vegetal. Lo animal es hasta diez veces superior. Investiga que químicos, además, inhiben la absorción y cuales la promueven. Verás que todos los que inhiben son de origen vegetal (espinacas y soja abundan en varios) mientras la carne la promueve. Todos son datos que casi nunca aparecen en la propaganda vegana, que proporciona una visión sencilla del cuerpo como máquina, omite datos o utiliza comparaciones manipuladas.

La comida vegana NO es fuente de B12. Mucha de la levadura que venden como supuesta fuente de B12 o no la contiene (y si la contiene es sintética, es decir enriquecida) o muchas personas no son capaces de absorberla. Las pastillas, además, tienen una absorción muy inferior a la comida real.

Los seres humanos SÍ que somos omnívoros por naturaleza. Los argumentos veganos al contrario se basan en una comparación entre seres humanos y carnívoros (no somos carnívoros) o con los omnívoros más lejanos (en términos evolutivos) para crear la impresión manipulada de que tenemos rasgos más parecidos a los herbívoros. Nunca hacen una comparación con otros primates, lo cual muestra claramente nuestra naturaleza omnívora. Además, para decir que nuestro sistema digestivo (específicamente la proporción entre largo de intestino y largo de cuerpo) se parece más a los herbívoros que a los omnívoros, utilizan una medida de los intestinos humanos bastante más larga de la que puedes encontrar desde cualquier otra fuente. Y, obvio, no dicen que no existe ninguna cultura cazadora-recolectora vegana, no dicen que en los restos arqueológicos más antiguos siempre encuentran pruebas de caza y alimentación omnívora, ni que específicamente lo que permitió la evolución del genus homo (el crecimiento del cerebro, que consiste en gran parte de grasa) fue el consumo de mucha más grasa animal, sobre todo la médula ósea y los cerebros de animales muertos que ya podrían acceder gracias al su uso de la piedra como herramienta.

La falta de hierro, de B12 o de ácidos grasos como los omega pueden demorar entre 6 y 10 años en manifestarse. No creo que sea casualidad que la gran mayoría de veganos y vegetarianos—y en ésto me incluyo yo—duran el mismo tiempo antes de volver a una dieta omnívora (o de dieta vegana a dieta vegetariana), a menudo por motivos de salud o falta de motivación.

La nutrición no es una cosa de máquinas. Cada persona es diferente, y hay una minoría de personas que pueden vivir sanamente con una dieta vegana, si la cuidan mucho. Pero en general el veganismo no es nada sano y no se debería reivindicar como tal.

El motivo para reivindicar el veganismo tendría que ser exclusivamente por el tema de liberación animal, sin engañar a la gente y ganar adeptos con argumentos falsos relacionados con la salud. Pero ya hemos visto que el veganismo y la liberación animal, concebida de manera anarquista y no liberal, no tienen nada que ver.

Escrito por un Anónimx

Tomado desde A las Barricadas.org