En un estado actual de cosas, donde la lucha es necesaria y permanente, donde nunca debemos quedarnos quietos ni sentados, siempre debemos responder, plantear y discutir, todo en vista del mañana anárquico. Si digo que soy pacifista, ¿Cómo me tildarían mis compañeros/as?

He leído bastante, sin embargo mi principal escuela ha sido la calle. No la calle entendida como un concepto de marchas y enfrentamiento, si no que como un medio en donde todas las relaciones humanas son apreciables, incluyendo las desigualdades de esta. He visto como a alguien le pagan una miseria, he visto gente robar, desde celulares hasta comida en un supermercado. He observado como entre oprimidos/as se pelean debido a que tienen diferentes gustos en cuanto a clubes de fútbol. He visto individuos sumergidos en el alcohol, en las drogas, en la religión… He visto como el estado reprime a un/a cabro/a en la población, en una marcha, en una huelga. He sido testigo privilegiado de todo eso, y he llegado a la conclusión de que si nadie quiere cambiar esto, debes empezar por ti mismo, y para eso he elegido el pacifismo y la desobediencia civil.

La desobediencia civil la entiendo como una forma de emancipación individual del estado. No depender de este para tus relaciones sociales, a la vez que renegar de el cuando te exige algo. Considero que el no votar, el no pagar impuestos, el negarse a vivir en pareja con el consentimiento de este, el no asistir al llamado al Servicio Militar, son partes de la desobediencia civil. Ahora, mi manera de entender el pacifismo es bien enredada. Considero el pacifismo como un concepto en el cuál no buscas hacerle daño físico y sicológico a nadie, sea del lado que sea. Entendiendo esto, podemos decir que no considera el daño económico ni social, y siguiendo esta línea, he encontrado en la propaganda, ya sea escrita y oral, mis medios para luchar en contra del estado y el capital. Creo firmemente en los puestos de difusión, en la propaganda de “tu a tu”, en los meetings informativos y las marchas de resistencia. Ese ha sido el camino y el puesto de batalla que he elegido en esta lucha. Estaré en lo correcto, no lo sé, lo que si se es que nadie me puede decir que no es lo más o menos adecuado, cada uno decide lo que mejor lo identifica.

Con respecto a los y las compañeras que creen en el insurreccionalismo, no comparto algunos puntos con ellos, aunque creo que es necesaria toda forma de lucha. No es propio del anarquismo, y quien lo diga no es anarquista, el decir que “los pacifistas son contrarrevolucionarios” o que los insurreccionalistas “son unos infantiles pirómanos”, cada corriente tiene sus virtudes y defectos, y lo mejor es mezclarlas en pos del mañana anárquico. En épocas anteriores, incluso hoy, es común ver discusiones entre insurreccionalistas y pacifistas, peleas que por lo demás, dividen el movimiento, generando aquello que tanto busca la burguesía, la fragmentación de los oprimidos/as.

Luego de todo lo que expliqué anteriormente, creo haber explicado bien mi posición pacifista y desobediente. Quiero dejar en claro que este es mi pensamiento, no representa a nadie, solo a mi, no busco imponer una idea ni criticar otra, es solo demostrar lo que pienso.

Después de leer todo esto, y si sigo afirmando que soy pacifista, ¿Cómo crees que me tildarían mis compañeros/as?

Escrito por Cristian Battaglia.

Publicado en El Sol Ácrata N°12, Febrero de 2013.