Los anarquistas italianos Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti se convirtieron en un símbolo de la lucha por la libertad luego de declararse inocentes de dos crímenes por los que fueron ejecutados hace 85 años en Estados Unidos.

 En 1925, un asesino condenado confesó su participación en esos dos crímenes por los que acusaba a Sacco y Vanzetti: el asesinato del cajero Frederick Parmenter y su guardia Alessandro Berardelli, ocurrido durante un robo en una fábrica de calzado en el pueblo de South Braintree, en el estado de Massachusetts, en 1920.

Sin embargo, todos los intentos de reabrir el juicio contra los anarquistas fracasaron, incluido un pedido de clemencia del Papa Pío XI para que no se los ejecutara.

El zapatero Sacco nació en la ciudad italiana de Torremaggiore, el 22 de abril de 1891, y luego emigró a los Estados Unidos cuando tenía 17 años. En tanto, Vanzetti era oriundo de Villafalleto, en el Piamonte, donde nació en 1888. Ambos llegaron a Estados Unidos en 1908.

“Si no hubiera sido por estas cosas, yo podría haber vivido mi vida hablando en las esquinas…”, dice Vanzetti, según el reportero Philip D. Strong, quien lo visitó en prisión en mayo de 1927, poco antes de que fuera ejecutado junto a Sacco, de acuerdo al periodista estadounidense Douglas Linder.

Yo podría haber muerto, sin marcas, sin saberlo. Ahora no somos un fracaso. Esta es nuestra carrera y nuestro triunfo. Nunca en toda nuestra vida podríamos haber realizado los trabajos para la tolerancia, la justicia, la comprensión del hombre por el hombre, como ahora lo hacemos por accidente (…) señaló el pescador Vanzetti.

Ambos fueron considerados mártires por el movimiento obrero mundial, ya que la justicia de aquellos años -posteriores a la Primera Guerra Mundial- estaba “sesgada” y existía una gran polémica sobre su presunta culpabilidad, lo que provocó manifestaciones de repudio en todo el mundo.

Las crónicas de la época señalan que el juicio se inició el 14 de julio de 1921, en una atmósfera antirracial y antianarquista, y que finalmente, el 23 de agosto de 1927, fueron ejecutados por electrocución.

Ochenta y cinco años atrás hubo manifestaciones en Nueva York, Londres, Amsterdam y Tokio, así como huelgas en varios países de Sudamérica, entre ellas la Argentina, donde estallaron bombas en la embajada estadounidense, en el City Bank, en la Ford y en otros tantos puntos, como forma de repudiar las ejecuciones.

Reconocidos intelectuales estadounidenses como Felix Frankfurter, Upton Sinclair, John Dos Passos y Dorothy Parker, así como el dramaturgo británico George Bernard Shaw y el escritor H.G. Wells, pidieron la libertad de Sacco y Vanzetti.

Tal vez porque las autoridades querían que su ejecución sirviera de escarmiento, o porque el juez Webster Thayer detestaba a los inmigrantes o a los anarquistas que llegaban a Estados Unidos, la pena capital fue dispuesta sin escuchar los pedidos de clemencia.

En una carta enviada a su hijo desde la Prisión Estatal de Charlestown, el 18 de agosto de 1927, Sacco señala: “(…) recuerda siempre, Dante, que en el juego de la felicidad no tienes que usarlo para tí solo, sino mirar un paso detrás de tí, ayudar a los débiles que piden ayuda, ayudar a los perseguidos, a las víctimas, que son tus mejores amigos”.

“(Ellos) son los camaradas que luchan y caen, como cayeron ayer tu padre y Bartolo por la conquista de la alegría, de la libertad para todos y para los trabajadores pobres. En esta lucha por la vida encontrarás más amor y serás amado”, dice Nicola.

El día de la ejecución de Sacco y Vanzetti se realizó un paro general en la Argentina decretado por las centrales obreras, y la noticia de la muerte de los anarquistas fue seguida por las pizarras de los diarios de Buenos Aires, como recordó el escritor Osvaldo Bayer en una nota publicada en 2007 en el diario Página/12.

En 1977, el gobernador demócrata de Massachusetts, Michael Dukakis, señaló en una proclama que a Sacco y Vanzetti “no se le había dado un trato justo y que ningún estigma debía ser asociado a sus nombres”.

En la década del 70, en plena lucha en contra de la Guerra de Vietnam, la cantante estadounidense Joan Baez, ex esposa de Bob Dylan, escribió una canción que volvió a sacar de las sombras el proceso contra Sacco y Vanzetti.

Extraído desde El Tribuno de Jujuy  y otros medios.