La banda Bonnot fue una banda de atracadores anarquistas que hizo temblar los pilares del sistema de la República francesa de principios del siglo XX.

JULES BONNOT

Jules Bonnot nació el 14 de octubre de 1876 en Pont-de-Roide, una aldea de Doubs, en las proximidades de Montbéliard. A los cinco años pierde a su madre. Más tarde, su hermano mayor se suicida arrojándose a un río tras un desengaño amoroso. Su padre obrero fundidor, asegura a su único hijo una educación. De buenas o malas frecuenta la escuela “era un perezoso, indisciplinado, insolente”, dirá de él su tutor.

Su universo de niño, y enseguida de adolescente, es un universo de analfabetismo. El padre iletrado, está debilitado por un trabajo extenuante y con malas condiciones laborales. Se haba de libertad. La libertad, es para los patrones, la libertad de explotar sin freno a su mano de obra y de especular impunemente. El padre Bonnot vive en la inseguridad, dia tras dia.
Falto de cultura y de ahorros, no puede soñar con un porvenir mejor. Los hijos casi no tienen más esperanzas que sus padres de escapar a esta condición miserable. Muy pronto la vida agobia. A los catorce años Bonnot comienza su aprendizaje. Rechaza cualquier contrariedad. De ahi los continuos altercados con sus patrones sucesivos. Tiene su primera condena a los 17 años tras una pelea en un baile.

En 1901 tiene 25 años, se casa con una joven costurera. Por un tiempo empleado en los ferrocarriles, en Bellegarde, en la frontera, su afiliación anarquista le hace ser expulsado. Su nombre es conocido por todos los patronos de la región. No quieren un agitador que en su puesto de trabajo invite a sus compañeros a luchar para obtener mejores condiciones de trabajo. Nadie lo quiere. Es el desempleo, la miseria y la desesperación.

La pareja parte para Ginebra. Bonnot encuentra un puesto de mecánico. Su compañera trae al mundo una niña, Emilie. La alegría de los padres va a durar poco. La criatura muere pocos días más tarde. Resuelto contra una suerte así de injusta, Bonnto se lanza de nuevo a la propaganda anarquista. Los suizos no tardan en expulsarlo. Tras varias peregrinaciones, se quedan en Lyon en donde sus conocimientos excepcionales de mecánica le procuran un empleo para un constructor de automóviles. Es aqui en donde perfeccionará su habilidad profesional y su arte diabólico que, en unos años, estará al servicio del crimen.

Mientras Bonnot se inicia en estas nuevas mecánicas, el 23 de febrero de 1904 nace su segundo hijo. Este nacimiento le aparta un tiempo de la propaganda anarquista. A los ojos de los patronos pasa por un peligroso cabecilla que, sobretodo, fomenta descontentos y huelgas. Se muda de Lyon a Saint-Etienne. Desde octubre de 1905 a abril de 1906 es mecánico en una firma importante de la ciudad. Un informe de la policía le presenta como “muy violento y malvado”, adjuntando que “las enseñanzas recogidas sobre él resultan malas”. Vive con el secretario de su sindicato, Besson, que no tarda en hacerse amante de su esposa. Para evitar la cólera de Bonnot, Besson huye a Suiza con su esposa y su hijo. Bonnot se dirige a Sophie con mensajes desesperados. En vano. Nunca más volverá a ver a su mujer y a su hijo. La pérdida de su empleo fue la gota que colmó el vaso de su revuelta. Se une a la innumerable horda de parados. La epopeya de la banda de Bonnto está a punto de comenzar. Entre 1906 y 1907 se dedica a robar cajas fuertes. Abre un taller de mecánica en Lyon. Para sus aventuras nocturnas necesita un brazo derecho: Plátano.

En 1910, Bonnot se mueve a Londres y entra al servicio de Conan Doyle, el padre de Sherlock Holmes en calidad de chofer. Una vez de vuelta a Lyon, a finales de 1910, pone a punto su nueva técnica. Hasta este dia, ningún bandido ha introducido en el arsenal del crimen el automóvil.

Pero la policía busca y se ve obliado a salir precipitadamente en compañía de Platano y de cinco brownings. Por razones indeterminadas Bonnot mata a Plátano.

LA EPOPEYA

El 21 de diciembre de 1911 comienza la epopeya de la banda de Bonnot. En aquel día varios ilegalistas se convierten en los “bandidos trágicos”. En una época de miseria, injusticia, de luchas sociales sin piedad, los primeros criminales en coche se iban a escribir con letras de sangre una historia que tendrá en vilo una Francia atemorizada ante la trágica audacia y desesperada por los fracasos de la policía. Este 21 de diciembre de 1911 hacia las 9 de la mañana, Bonnot, Garnier, Callemin y un cuarto hombre deciden atacar a un cobrador de la Société Générale calle Ordener en Paris. El botín es bastante magro en títulos y sólo 5000 francos en especie. El cobrador resulta gravemente herido. Por la tarde los periódicos se ceban con la banda. Después de haber abandonado su automóbil en Dieppe, vuelven a Paris, perseguidos por la policía. No saben qué hacer, van de un lado a otro, perseguidos, por la ciudad, sin evasión posible, dispuestos a matar a cualquiera. Por solidaridad, para compartir esta amarga alegría del riesgo mortal, otros se les unene: René Valet et Soudy.

En Nochebuena Garnier y Callemin encuentran refugio en casa de Kibaltchiche (Victor Serge) y Rirette Maitrejean, dos anarquistas. Varios días más tarde de dejar a Kibaltchiche y Rirette son arrestados. Ambos renuncian a liberar a Garnier y Callemin.

La banda no se queda inactiva. En Francia y en Bélgica, intentan con más o menos éxito un cierto número de “represalias”. Dos armerías son asaltadas en Paris. En Gand, roban el coche de un médico. En la misma localidad, el 25 de enero, el robo de un segundo coche sale bastante peor. Son sorprendidos por un chofer que es aturdido a golpes de llave inglesa. Un agente de policía los sorprende. Callemin lo mata. Es el autor del arresto de un cierto Eugène Dieudonné. Es anarquista y Caby el cobrador de la Société Génerale lo reconoce como su agresor. Dieudonné niega su participación en el atraco de la calle Ordener. En la noche del 2 al 3 de enero de 1912 en Thiais, dos ancianos son asesinados. Después el 27 de febrero en Paris a consecuencia de un altercado banal un policía es abatido. Luego, el 29 de febrero el trío trágico entra en una panadería en la que tratan de robar un pabellón.

Para los ilegalistas, perseguidos, afamados, sin seguro, se cierran todas las puertas, la terrible lucha contra la sociedad no puede sino continuar hasta el fin fatal. Ellos lo saben: todos seguirán. Los ilegalistas son bestias feroces perseguidas por los cazadores cada vez más determinados que el miedo hace valientes. Sus fotos aparecen en los periódicos. Se ha puesto precio a sus cabezas. Bonnot iba a organizar un golpe inaudito. Después de haber robado un coche en la calle Melun y haber herido gravemente a sus pasajeros, se dirigen hacia Chantilly y en concreto al banco de la Société Générale. Garnier, Valet Callemin entran en el banco a punta de revolver. Soudy vigila la entrada. El balance es de dos muertos y 50.000 francos.

Doscientos inspectores de policía entran en la campaña. El banco ofrece una prima de cien mil francos a quien permita la captura de los bandidos. Durante toda una semana, los rotativos dan prioridad a estos hechos, dedicando páginas enteras de fotos en las que se encuentran revueltos los muertos, los heridos y los testimonios. Soudy fue arrestado en Berck-sur-mer el 30 de marzo. El 7 de abril, Raymond Callemin fue arrestado a su vuelta. El 24 de abril un tal Monier fue arrestado, ha participado en los hechos de Montgeron y de Chantilly. Durante su arresto tenían dos brownings cargadas.

En esta época Bonnot se mete en un apartamento sin que lo sepa su propietario. A finales de abril Jouin, sub-jefe de seguridad descubre a Bonnot e intenta su captura. Bonnot mata al sub-jefe y logra huir. Es herido en un brazo.
Tras el asesinato de Jouin, Bonnot concibe su huida inteligentemente. Mantiene un ritmo razonable. No se acelera por nada. Llega así a Paris sin problemas. Cada tarde, busca un nuevo refugio.

Nadie duda de su captura a más o menos largo plazo. La decisión de matarlo pasa todos los sufragios. Nunca la policía, animada por el gobierno, ha pensado un solo instante en dejar viva a su presa. Bonnot siempre los humilla. Su pista parece perdida hasta que un farmacéutico de Choisy-le-roi declara que ha atendido a un hombre herido en la mano y cuya descripción corresponde con la del huido. Efectivamente Bonnot encuentra refugio en casa de un anarquista: Dubois.

El domingo 28 de abril, una quincena de inspectores registran la habitación de Dubois. Dubois que estaba abajo en el garage antes de ser abatido. Bonnot se parapeta y hiere a un inspector. Desguarnecidos, el disparo basta para hacer que los policias le respetasen y hacerles buscar refugio. Así piensan que Bonnot no está solo. Comienza el asedio. El tiroteo ha despertado a toda la localidad. De Choisy, de Alfortville, de Thiais y de más lejos, llegan hombres armados con carabinas, fusiles de caza. Quinientos hombres armados son diseminados por los setos. Llegan el alcalde de Choisy y el prefecto Lépin. A las nueve, llegan sucesivamente dos compañías de la Garde Républicaine.

De todos los alrededores, de Paris continua afluyendo gente hacia Choisy. Es un espectáculo que no hay que perderse. Veinte mil espectadores acuden en tren, en simón, en coche o a pie. Se da la orden de encaminar a todo el regimiento de artillería estacionado en Vincennes. Se pide igualmente una ametralladora pesada. Un cordón de tiradores cercan la casa.

Mediodía. Hay más de treinta mil personas alrededor del edificio. Treinta mil personas venidas a asistir a la agonía de un ilegalista. La agonía de la bestia va a durar horas. El tiroteo no se va a repetir. Todos los asediadores creen estar jugando un papel histórico. Les han convencido de que vengarán todos los crímenes de Bonnot. Se bebe, se charla, se discute, se ríe. A causa de su guarida, Bonnot no puede oir todas las bravuconadas y acusaciones de pacotilla. Toda esta gente que aullan a la muerte, cogidos individualmente, son llorones y cobardes en su mayoria. Su número les da una sensación de poder invencible. Esta muchedumbre son verdugos. Aceptan a ojos cerrados los relatos fantasticos de la prensa sobre Bonnot.

Se decido dinamitar la guarida. Bonnot se sabe perdido. Sube hasta la mesa, coge varias hojas y redacta una especie de testamento. El asedio mete mucha presión. El edificio es dinamitado… El derribo de piedras y tierra azotan a Bonnot. Se refugia entre dos colchones. Sangra abundantemente. Una nueva vez el edificio es dinamitado. Los policias deciden entrar en el edificio. Tras haber atravesado la primera pieza, entran en la habitación. Bonnot está ahi. Luchando contra el asco, la rabia y la fatiga, dice: “saludos”. Todavia tiene la fuerza para disparar tres veces. Los otros responden. Poco a poco las manchas de sangre del suelo se agrandan. Este es el fin del hombre símbolo del ilegalismo. Bonnot fue acribillado por seis balas. Llega al hospital y se reune en la morgue con Dubois. Este Dubois que no era ni un ladrón ni un asesino. Simplemente un hombre fiel a su ideal anarquista, fiel a sus amistades, y que ha llegado al sacrificio al avisar a Bonnot con sus gritos y hacerse matar por su amigo. Entretanto la policia hace ostentación y un mercadillo con los enseres que se encontraron en el edificio.
Quedan dos miembros de la Banda Bonnot en libertad. Garnier y Valet están todavia en la calle. Alquilan una casa en el barrio de Bogent-sur-Marne. El 14 de mayo la seguridad los encuentra. Para evitar la masacre de Choisy se prepara todo en gran secreto. Será peor. La casa está cercada y los inspectores de seguridad entran en el jardin donde son recibidos a balazos. El asedio más loco de todos los anales de criminalidad comenzó. Para matar a Garnier y a Valet, harán falta nueve horas de tiroteo, centenares de policias, un batallón de zuavos en pie de guerra. Sin hablar de las varias ametralladoras pesadas puestas en bateria. Durante el tiroteo varios policias son heridos. Un nuevo batallón de zuavos, unos trescientos hombres, llega a paso gimnástico. Son saludados por las ovaciones de la muchedumbre cada vez más numerosa. Doscientos gendarmes con sus carabinas, se situan en emboscada. La casa es dinamitada, el tejado se derrumbó pero los dos hombres siguen allí. Mientras tanto cae la noche. A medianoche cuarenta mil personas al menos, se agolpan alrededor de la casa. Dos compañias de zuavos suplementarias son despachadas. Se intenta dinamitar la casa otra vez sin éxito. Valet y Garnier se libran y un nuevo inspector es abatido. A medianoche la tropa abre fuego falta de municiones. El ministro de interior llega al lugar. Tras haber reventado la casa con dinamita, los policias intentan un asalto. Enseguida, es una desbandada. Garnier y Valet los ametrallan agusto. El tiroteo hace dos heridos. En fin, suena el “alto el fuego”. Será el último… Soldados, policias, todos revueltos, se lanzan al asalto. La embestida es general. Llegan al fin a la habitación donde están atrincherados los dos fuera de la ley. El espectáculo es terrible. Sangre, por todas partes. En el suelo, en las paredes. Casquillos de bala a centenares. Son las dos de la mañana. Garnier y Valet intentan por última vez tirar pero son abatidos.

Las tres, todo está acabado. El asedio duró más de nueve horas. Cien mil personas se precipitaron al lugar del drama. Por la tarde, los cuerpos son arrojados en la fosa común del cementerio de Bagneux. Bonnot y sus comandantes han sido muertos o asesinados por la policia quedan sus complices todavia encarcelados. Para Callemin, Soudy y Monier (habia albergado a Bonnot), es la pena de muerte. Igualmente es pena de muerte para Dieudonné. Otros dos son condenados a trabajos forzados de por vida. Otros diez años más diez años. Para Kibaltchiche son 5 años de cárcel.

Las condenas a muerte son ejecutadas el 21 de abril. Dieudonné es amnistiado in extrémis y su pena conmutada por trabajos forzados a perpetuidad.