“Los grupos anarquistas voluntaria y libremente se organizan; voluntaria y libremente persisten organizados, sin que por ello reaparezca el principio de autoridad. Los grupos entre sí podrían inteligenciarse, asociarse, federarse libre y voluntariamente también (…) Los anarquistas españoles, federados están en su mayor parte; existen en Italia y Francia federaciones locales y comarcales de las fuerzas anárquicas; los italianos emigrados en Inglaterra han iniciado la idea de una Federación anarquista que los ponga a salvo de las asechanzas policíacas y en todas partes se hacen plausibles esfuerzos por llegar a la unión voluntaria de todos los compañeros (…) Una organización anarquista no sólo es posible sino también necesaria y deseable”

Ricardo Mella (El Corsario, 1893)

En similares términos se expresaba por aquellos años Errico Malatesta, recogiendo la experiencia del movimiento anarquista desde el rompimiento de la Primera Internacional. La organización específica parecía ser para algunos compañeros el camino más directo para acercarse a la deseada revolución social[1]. El primer esfuerzo en ese sentido en la Argentina fue realizado por los grupos “anarco-socialistas” fundando el 26 de diciembre de 1898 la Federación Libertaria. Los grupos que la integraban eran: Agitador; Desertores; Polinice Mattei; Los Dispersos; Ne Dio ne Padrone; Luz y Progreso, todos de Buenos Aires. De los 6 grupos que la conforman 4 son nuevos y las críticas de los grupos anarco-comunistas antiorganizadores no se hacen esperar. A pesar de contar con la influyente presencia de Pietro Gori y de Gregorio Inglan Lafarga, sólo logran adherir a círculos anarco-socialistas de Bahía Blanca, Ayacucho y Maipú, de esta última localidad ingresan los grupos Rivendicatori y La Fiacola, pero no tendrá trascendencia en el devenir del anarquismo en Argentina más allá de sus aspiraciones.

En 1900 se convoca al congreso anarquista internacional de París, pero los anarquistas locales que están de acuerdo con su celebración no reúnen el dinero para pagar el viaje de un delegado por lo que tienen que nombrar uno indirecto. El congreso surge debido a la prohibición del ingreso de los anarquistas a un congreso socialista que se realiza esa misma fecha. Anteriormente los anarquistas fueron expulsados de los congresos socialistas de Zurich (1893) y Londres (1895). Finalmente el congreso anarquista fue prohibido por el gobierno francés, pero igualmente algunos militantes se reunieron en domicilios privados acordando la federación entre grupos revolucionarios y el establecimiento de correspondencia (comisiones a nivel nacional o provincial).

En cumplimiento de un acuerdo tomado por unanimidad por la Federación holandesa de los comunistas libertarios en 1906, –minoritaria dentro del movimiento anarquista holandés- se celebró el año siguiente en Ámsterdam el congreso fundacional de la Internacional Anarquista con la asistencia de 65 delegados de Holanda, Alemania, Francia, Italia, Bélgica, Inglaterra, Federación anarquista de Bohemia, Rusia, Polonia, Servia, Bulgaria, Suiza Francesa, Estados Unidos y Argentina, con Ceccarelli, de Roma,como delegado. Sin la presencia de delegados españoles “donde el movimiento era más fuerte que en cualquier otro país”[2] debido a la represión desencadenada tras el atentado de Mateo Morral contra el rey Alfonso XIII. Luego de varias discusiones se resuelve la fundación de la Internacional Anarquista y se nombra un Bureau Internacional como órgano de relaciones integrado por Errico Malatesta, Alejandro Schapiro, Rudolf Rocker, John Turner y Jean Wilquet. Con sede en Londres, el Bureau entró inmediatamente en funciones, aunque de los cinco nombrados sólo asisten a las reuniones los tres primeros. Logran mantener relaciones con todos los países europeos, algunos de América del Sur, Japón, China, África del Sur y editan desde enero de 1908, en francés, el Bulletin de L´Internationale Anarchiste mensualmente. Un nuevo congreso iba a realizarse en 1910, pero fue postergado por varias federaciones nacionales. Ya en el año 1914 se celebraría el congreso de Londres, pero cuando todo estaba preparado para su realización se desencadenó la primera guerra mundial poniendo fin a las intenciones de la Internacional Anarquista. Recién en el año 1968 volverá a estructurarse una organización específica del anarquismo con la creación de la Internacional de Federaciones Anarquistas (I.F.A.).
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En la Argentina el anarquismo había pasado de ser un movimiento minoritario en constante disputa por planteamientos ideológicos y de intervención práctica a conformar, con la opción organizacionista, la intervención en los gremios y su desarrollo, un movimiento social que no podía ser ignorado por las autoridades. La F.O.R.A. es la expresión más acabada de esa conjunción de elementos de carácter reivindicativo con posiciones finalistas. Igualmente, como consecuencia de la represión del centenario en 1910 surge un nuevo intento de organización específica del anarquismo en el “Comité de relaciones de los grupos anarquistas”. La Protesta se editaba clandestinamente y con muchas dificultades gracias a la dedicación de Apolinario Barrera principalmente, el comité aúna esfuerzos para colaborar en la reaparición del diario anarquista, pero intentan sustituirlo por uno nuevo llamado El Libertario. La Protesta ya tenía bien merecido el reconocimiento de los anarquistas en este país por lo que finalmente Barrera forma un grupo editor más pequeño y rompe relaciones con el comité, que más tarde pasó a llamarse Confederación Anarquista de la Región Argentina y finalmente a extinguirse sin dejar mayor huella. Tras los acontecimientos de la semana de enero de 1919, que encontró a la F.O.R.A. en una etapa de recuperación y reestructuración se vuelve a reorganizar rápidamente, pero debido a la influencia de la revolución rusa surge el sector anarco-bolchevique que para principios del ´20 ocupa puestos de responsabilidad en la F.O.R.A. del V Congreso que cambia su nombre por F.O.R.A. “Comunista”. Recién en 1921 los foristas consiguen expulsar a los partidarios de Moscú, los cuales a su vez no son tomados en cuenta por los rusos que reconocen oficialmente al P.C. argentino, por lo que deciden confluir con los restos de la F.O.R.A. del IX Congreso para fundar la U.S.A. proclamando “todo el poder a los sindicatos”. En ese mismo momento se dio otro intento de organización específica del anarquismo que no resultó como sucederá en el primer congreso anarquista de la región argentina.

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Entre el 2 y el 7 de octubre de 1922 se celebró en Avellaneda el primer Congreso Anarquista de la Región Argentina con presencia internacional de tres agrupaciones de Asunción, Montevideo y Santiago, y, además de las individualidades, unas 72 agrupaciones de diferentes lugares de la Argentina. El primer trabajo del congreso consistió en negar el voto, con el objetivo de que nada se “sancione o legisle”, negando de esta manera la posibilidad de que se tomen resoluciones a cumplir por el resto. En el congreso no se estuvo de acuerdo con la organización sistemática del anarquismo, se rechazó la llamada “Dictadura Proletaria” y, según el comentarista Federico Antonio Ritsche: “los compañeros se expresaron de acuerdo con la actuación de los anarquistas en las organizaciones obreras, teniendo a éstas como vehículo para el desarrollo de nuestra propaganda, puesto que la simple actividad sindical no reporta beneficio alguno para la emancipación de los oprimidos. Todo esto ya fue hecho por los anarquistas de la Argentina en las organizaciones obreras de la valiente Federación Obrera Regional Argentina del V Congreso”.

El hecho de que se rechazase la organización no sería ninguna novedad como se venía dando históricamente a través de los individualistas y los grupos anarco-comunistas denominados anti-organizadores, pero puede notarse que al estar de acuerdo con la actuación en la F.O.R.A. de lo que se trata en este caso es de un posicionamiento anti-especifista. El pequeño número de agrupaciones que se manifestaron a favor de la organización del anarquismo se vio desbordado por un congreso que se negó a institucionalizar nada. Aunque empapado con cierto optimismo que no se corresponderá con el posterior desarrollo del movimiento, vale traer algún fragmento del resumen crítico escrito por Teodoro Antillí en ese momento en La Antorcha: “Respecto al punto de organización, confesamos que la confusión de ideas era grande antes del congreso, y que ella dominaba puede ser más en las mejores cabezas. Contra organizaciones que se formaban con la intención de abarcar la representación del anarquismo -y no hay que decirlo, de ejercer autoridad sobre los anarquistas- nosotros mismos presentamos el ejemplo de la Federación del Norte de Francia, que no había salido constituida sino de un congreso anarquista; pero estuvimos mal. En nuestra última reunión, al tratar muy someramente el tópico de organización, nos manifestamos poder ir solamente hasta la concesión de un comité de relaciones, ¡como si pudieran hacerse concesiones contra la libertad! ¿Dónde estaban, pues, las mejores cabezas, y dónde las hubieran encontrado los compañeros para dirigir la Federación? Solamente fracasos, ya que deben ser realmente ilustrativos para que cada camarada piense con un pensamiento propio y deje de buscar a nadie sobre él. Arriba, más allá del sombrero, sólo hay el aire, los pájaros o las ramas … Todos los proyectos de organización cayeron como trapos viejos apenas se manifestaron al congreso. ¡Imposible! Aunque se dijera al final que se dejaría libertad, que no se impondría con obligatoriedad ni trataría de coartar la vida de nadie, todo agrupamiento de los anarquistas organizados no puede proponerse otra cosa que ejercer el control o la autoridad sobre los anarquistas a nombre de su propia organización. ¡Y se proponía cada cosa! Comisiones para esto, comisiones para lo otro; en fin, el ministerio entero constituido (…)Los anarquistas no necesitan ningún comité de relación, si como pueden, como saben, ya están relacionados y han hecho su propaganda una cantidad de años, llevando el anarquismo a un pie superior aún al de muchos países. Quien ha querido datos, informaciones, se los ha procurado; quien sueña con una oficina que le lleve esto a su casa es un poltrón, de quien poco puede esperar ya la propaganda anarquista, que requiere sobre todo actividad y un interés vivo, siempre despierto. El que quiera pescado que se moje el culo.”

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A finales de ese mismo año se funda en Berlín la Asociación Internacional de los Trabajadores (A.I.T.) con la presencia de la F.O.R.A. y organizaciones anarcosindicalistas y sindicalistas revolucionarias. Rudolf Rocker se encarga de la redacción de los estatutos y forma parte del secretariado internacional junto con Alejandro Schapiro y Agustín Souchy. La federación argentina se mantiene dentro de la reciente organización, pero con fuertes críticas a las secciones que aún buscan un acercamiento con la Internacional Sindical Roja de Moscú; a su vez niega el concepto industrialista, la unidad económica de la clase obrera y el rol directivo que se atribuyen los sindicatos el día siguiente de la revolución. La polémica continuará a través de las páginas de La Protesta. Por ese entonces se destacan principalmente los redactores Emilio López Arango y Diego Abad de Santillán quienes polemizan con los portugueses de la C.G.T., contra los “sindicalistas” españoles, también con Tiempos Nuevos, la Revista Internacional y con Pensiero e Volontá, donde escribían Luiggi Fabbri y Errico Malatesta. En esos años los anarquistas italianos se marginan del movimiento obrero como consecuencia del ascenso del fascismo al poder, la U.S.I es disuelta y no volverá a surgir hasta los ´70, entre los franceses crecen las posiciones individualistas tras la imparable integración de la C.G.T. El anarquismo comenzaba a alejarse de los sindicatos por diversas circunstancias. También estos son los años de la propuesta de síntesis de Faure (1928) y la reacción ante el estado del movimiento de los plataformistas de la U.G.G.A de Makhno y Archinov. Desde La Protesta, Arango y Santillán criticarán a Malatesta su defensa de la neutralidad en los sindicatos y la “tendencia” a la exclusividad de la representación del anarquismo por los grupos de propaganda cultural. Reconociendo: “Que no debemos olvidar la tendencia casi natural a elevar a teoría o, al menos, a justificar nuestra acción o nuestras predilecciones; del hecho de actuar en pro del anarquismo dentro del movimiento obrero o en grupos de afinidad resultan concepciones teóricas y tácticas que no siempre armonizan y que con frecuencia pueden chocar tanto mas violentamente cuanto másabsolutos queramos ser en nuestras concepciones particulares.”[3] A la afirmación malatestiana de que los anarquistas deberían luchar en los sindicatos porque permanezcan abiertos a todos los trabajadores de cualquier opinión y de cualquier partido con la sola condición de la solidaridad en la lucha contra los patrones, responden que “en la realidad no existen tales sindicatos abiertos a todos los obreros de todas las tendencias en ningún país; aunque se proclamen políticamente neutrales no por eso están enfeudados menos a un partido o a un sistema de ideas y de tácticas predominantes, llámesele como se quiera (…) Si dejamos las teorías a un lado y estudiamos las posibilidades de acción en el mundo del trabajo, tenemos que deducir estas conclusiones: O bien nos creamos en el proletariado una fuerza organizada afín, o bien debemos despedirnos de ejercer una influencia cualquiera en el movimiento sindical. No existe otra salida (…) De las ideas de Malatesta se deduce lógicamente una concepción política o filosófica del anarquismo y en última instancia surge la organización específica del anarquismo que quiere hacer de nuestro movimiento un partido de propagandistas de un nuevo credo, en lugar de conservarle por su integración en las aspiraciones de los explotados y oprimidos su carácter originario de movimiento social característico de un período de desenvolvimiento humano (…) Frente a ese anarquismo filosófico o político presentamos nuestra concepción y nuestra realidad de movimiento social anarquista, vastas agrupaciones de masas que no eluden ningún problema del anarquismo filosófico y que toman al hombre tal cual es, no sólo como adepto a una idea, sino como miembro de una fracción humana explotada y oprimida.”[4] Los anarquistas de la Argentina aleccionados por la experiencia de la F.O.R.A. defendían la finalidad comunista anárquica que esta había adoptado en el V Congreso de 1905 y rechazaban esa unidad de clase de la que se derivaba la idea de la “neutralidad del sindicato”, ya que esto conformaba un bloque contra la anarquía. “Nosotros hemos hecho escuela del divisionismo” dirán Arango y Abad de Santillán, reconociendo el derecho a las demás tendencias ideológicas a organizarse como mejor les parezca. Esto no suponía insolidaridad con todos aquellos que sufren la explotación y la dominación.

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EL GOLPE, LA F.A.C.A. Y DESPUÉS…

El 6 de septiembre de 1930 se produce el levantamiento de José Félix Uriburu contra el gobierno radical de Hipólito Irigoyen, este renuncia para “evitar derramamiento de sangre”, algo en que nunca reparó cuando se trató de obreros de tendencia anarquista. El nuevo dictador no querrá ser menos. La F.O.R.A. reducida como estaba no se decidió a declarar la huelga general. La dictadura se ensañará nuevamente con el anarquismo. Humberto Correale, militante forista en los años treinta dirá en una entrevista: “Al abstenerse la FORA se impide gestar lo que podía haber sido un movimiento históricoextraordinario, se podría haber cambiado el rumbo del país, porque todo el mundo estaba a la expectativa. Pero si la FORA no declaraba la huelga general, quién lo iba a hacer. Recuerdo a Santillán, a Pacheco, que venían a aconsejar a declarar la huelga. –Es el momento, decían. No se declara por dos factores: por el miedo de algunos y por el capricho de otros: había un sentido muy posesivo de la FORA, algunos se creían que era de ellos”.

“El problema es que el movimiento estaba organizado en base a la disciplina. Todo el mundo esperaba la orden del Consejo Federal, pero se habían olvidado de la estructura federalista que teníamos, de la autonomía de las provincias, de las comarcales, de las locales y de los sindicatos para asumir ellos la actitud que creían conveniente. Estos derechos surgían de las estructuras federalistas que tenía el movimiento”.

“Si la FORA declara la huelga general se paraliza el país. Se hubiera dado un movimiento de arrastre; mucha gente se hubiera plegado, aún los no anarquistas, aún los no foristas y los obreros hubieran jugado un buen papel, pero la FORA no se movió y todo el mundo quedó paralizado. Después vinieron las razzias, la represión, las broncas…”[5]

Con la represión se produce un acercamiento de compañeros de distintas corrientes del anarquismo, la primera reunión significativa se da en la cárcel de Devoto en 1931, y ya en 1932 se reúnen en Rosario para celebrar el 2º Congreso Regional Anarquista con evidentes diferencias respecto al del año 1922. Asisten al mismo 53 delegados por 30 agrupaciones que, además de las individualidades, representan a agrupaciones barriales, ateneos, editoriales, y también participa la F.O.R.A. con un delegado. Se toma el acuerdo de conformar un Comité Regional de Relaciones Anarquistas. Los grupos acuerdan apoyar la reconstrucción de la F.O.R.A., pero también deciden volcar su actividad en gremios autónomos y cegetistas. La organización específica naciente basaba su institucionalidad en el acuerdo del mismo congreso que decidió crear el C.R.R.A., aunque cuente con la negación del reconocimiento de la F.O.R.A. que quedó en minoría en relación al número total de delegados, pero que no es un grupo de 5 o 15 miembros sino que se trata de una federación de carácter regional que cuenta con miles de militantes repartidos por todo el país.[6] El cambio del eje de prioridades de los grupos anarquistas -o mejor dicho, de la mayoría de los grupos anarquistas- apuntará al desarrollo de la organización anarquista que se fundará en 1935 cuando quede constituida la Federación Anarco-Comunista Argentina (F.A.C.A.), y que más tarde , ya en el año 1954, cambiará su nombre por Federación Libertaria Argentina (F.L.A.). Jacobo Maguid[7] en una entrevista resumió la postura de la misma: “La Federación Anarco Comunista Argentina tomó acuerdo de apoyar a la FORA, pero al mismo tiempo propiciaba la acción de todos los gremios y sindicatos autónomos que no eran foristas. Incluso preparaba sindicatos libertarios para actuar fuera de la FORA. La realidad demostraba que la FORA no podía de ninguna manera considerarse la única expresión del movimiento obrero. Apoyábamos a la FORA pero no la considerábamos monopolizadora y queríamos incluir otras organizaciones autónomas de sindicatos que había en el resto del país y que no estaban afiliadas a la FORA ni a la CGT. El problema fundamental con la FORA fue su sectarismo. Con la CGT teníamos una actitud crítica por su concomitancia con los poderes y señalábamos el camino del sindicalismo revolucionario: el anarcosindicalismo (…)

“La FACA fue algo similar a lo que ocurría en España; donde estaba la CNT, existía la F.A. Ibérica y una Federación de Juventudes Libertarias y todas conformaban el Movimiento Libertario Ibérico. En la Argentina se constituye la FACA en apoyo de la FORA tradicional –la quintista- por lo tanto no significó una pugna o un enfrentamiento su creación. La no comprensión de esto trajo aparejado las disidencias y los enfrentamientos”.[8] Entre estos dos polos seguirá andando el anarquismo en Argentina, sufriendo persecuciones, clausuras de locales, procesos por asociación ilícita y una pérdida de influencia social, pero lejos está de desaparecer. Con la fundación de la CGT el 27 de septiembre de 1930 el movimiento obrero adversario a la F.O.R.A se había posicionado mejor sorteando la represión que cayó con todo el peso sobre la F.O.R.A. y el anarquismo. Con el correr del tiempo irá verticalizándose cada vez más, sufrirá varias escisiones debido a las zancadillas que constantemente se pondrán entre socialistas, sindicalistas puros, y más tarde los comunistas. Hasta que la hábil política de cooptación del gobierno peronista le imprima su sello indeleble marginando los últimos vestigios de autonomía que aún permanecían en su seno. El fruto de la prédica de la neutralidad ideológica en los gremios madura en la CGT con la adopción en abril de 1950 de unos estatutos que rezan: “La Confederación General del Trabajo declara:

Su indeclinable decisión de constituirse en celosa depositaria y fiel ejecutora de los altos postulados que alienta la Doctrina Peronista y en leal custodio de la Constitución de Perón, por cuanto concretan en su espíritu y en su letra, las aspiraciones eternas de la clase obrera y constituyen las reglas insuperables para orientar a los trabajadores argentinos en el cumplimiento de su irrevocable determinación de forjar una patria socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana. Y exhorta a la clase trabajadora argentina a mantenerse unida en el terreno sindical, dentro de la CGT, de acuerdo al siguiente estatuto”.

Durante la década de gobierno peronista la F.O.R.A. y el anarquismo vivirán momentos difíciles, como se señala en el boletín de septiembre de 1950 de Renacer, órgano de la sociedad de resistencia de mozos y anexos de la capital: “…hace mucho tiempo, en localidades y ciudades del interior, a la F.O.R.A. y agrupaciones anarquistas toda manifestación de vida orgánica pública le es del todo imposible, y por ende no se le permiten locales abiertos, ni actos de propaganda de ninguna clase”.

“Y en la capital hace meses que la F.O.R.A. tiene los locales clausurados y no puede exteriorizar su propaganda públicamente. Virtualmente, en todo el país la represión policíaca asumió carácter permanente y normal”. Para entender la situación en que se encontraba el movimiento en este período resulta útil un fragmento del escrito del delegado de portuarios, T. Suarez, como corresponsal del periódico CNT tras la reunión regional de delegados de la F.O.R.A. en 1956 que dice que: “…desde las filas de la F.O.R.A. surgió una iniciativa que fue barajada como una consigna, la que invocaba “la unidad moral del anarquismo”. Esta iniciativa encontró apoyo y oposición, lo que nos viene a confirmar que, desde su iniciación, la “unidad moral del anarquismo”, había dividido en la opinión a la propia militancia de la FORA.

“La vida clandestina a que estaba sometido el movimiento, junto con algunos hechos de trascendencia persecutoria, y sin acuerdos serios y sin prever los alcances, se plasmó ese acercamiento, rompiendo así con las viejas resoluciones de la Federación. La buena intención de los compañeros proponentes, trajo, como lógica consecuencia, un serio entredicho en el movimiento de la F.O.R.A. La F.A.C.A. planteó condiciones de fusión: que desaparezca la FORA y la FACA, y que un Congreso Constituyente determine las bases del organismo unificado. Esto, como es natural, defraudó a los compañeros proponentes y se comenzó a conocer el error y a dudar de toda posibilidad de entendimiento con dicha gente. Pero no obstante el desengaño sufrido, empezó a tomar cuerpo la corriente agrupacionista. Se afirmaba para corroborar esta tesis, que en el campo gremial no se podía hacer nada; que los trabajadores estaban con Perón; que la FORA prácticamente no existía; que había Perón para rato, y que por estas razones era preferible la actuación como agrupaciones ideológicas. Esto tampoco prosperó…”. La citada afirmación se corresponde con lo escrito en el mencionado boletín de los mozos y anexos que refiere que: “elementos “libertarios”, integrantes de una específica Federación Argentina, se han particularizado propagando, a la sordina, la disolución de la FORA y la refundición en el cegetismo”. La crisis por la que atravesaba el anarquismo argentino era evidente y no se detendrá una vez caído el gobierno peronista. La llamada “revolución libertadora” centrará su accionar represivo en la depuración de todo vestigio de peronismo de la vida social y política argentina. La F.O.R.A podrá reabrir sus locales, pero la nueva dictadura seguirá sus pasos de cerca. Ya se evidenciará su accionar represivo en “la huelga más larga del siglo” sostenida por la Federación de Obreros en Construcciones Navales durante 1956. La F.O.C.N era una organización autónoma, pero que cuenta con el apoyo y la solidaridad material de la F.O.R.A. Tras 14 meses de huelga en respuesta al lock-out patronal y en plena crisis terminal de la construcción naval, el desenlace se cobrará la existencia de Federación misma que en su última asamblea rechaza “pisar las alfombras rojas”. Por su parte el Ministerio de Trabajo combinará una política de búsqueda de negociación con los elementos refractarios a su intervención en el movimiento obrero, con la represión lisa y llana. Esta política, sumada a la posición faquista que busca imponer una mayor “agilidad táctica” en la F.O.R.A. estarán entre las principales causas de la escisión que sufrirá esta última. Esa misma “agilidad táctica” se buscará imponer de hecho en una serie de conflictos que se resuelven con la intervención de funcionarios del Ministerio de Trabajo. Sucederá primero en un conflicto del gremio de Plomeros, luego con el comité de huelga de la línea 55 que será separado de Unión Chauffeurs, y más tarde en un conflicto llevado a cabo por Mozos y anexos.[9] Ante la reacción de algunos gremios por el cuestionable procedimiento, el faquismo, mayoritario con respecto a los defensores del tradicional funcionamiento de la F.O.R.A. –según el informe del sector Goncalvez Díaz- ya habrá accedido a los puestos claves de los cuerpos relacionadores del movimiento, como ser Federación Local Bonaerense; Federación Provincial Bonaerense y Consejo Federal, teniéndolos básicamente controlados. Con la renovación del Consejo Federal y la entrada de Unión Chauffeurs al mismo, sosteniendo una posición contraria a lo que se venía dando en los últimos conflictos, se produce la escisión del sector favorable al arbitraje como ser el sector de Coronel Salvadores. La F.O.R.A. pasará a tener 3 sectores, con sus respectivos Consejos Federales, uno por Coronel Salvadores 1200, otro por Goncalvez Díaz 316 y por último estará el sector de Garay 2371. Entre 1952 y 1964 se realizaron tres campañas de unificación que resultaron infructuosas.

Que la F.O.R.A. tuviera limitaciones y que debiera replantearse sus tácticas ante los tiempos cambiantes es algo a tener en cuenta, pero porqué esto nunca se llevó a cabo por cauces orgánicos da cuenta de la forma de manejarse de la organización específica. Para tener una mejor perspectiva del movimiento obrero, no puede olvidarse el accionar de ciertos elementos referenciales del faquismo en el seno de la CGT, quienes una vez producida la caída de Perón actúan como interventores de la dictadura en los sindicatos al encontrarse ya proscrito el peronismo, lo que cerraría el concepto “amplio” de la “agilidad táctica”, con un oportunismo que se aleja de los principios a toda marcha. La F.O.R.A., tal vez modestamente, podría haberse reorganizado con la apertura de locales que habían estado cerrados durante años, pero la crisis que yacía en sus estructuras desde hacía tiempo, sumado al accionar de la dictadura militar y la política específica anarquista la paralizaron, y la escisión acentuó su marginación del movimiento obrero llevándola con los años a una existencia testimonial, aunque en el imaginario de buena parte de los oprimidos y explotados siga valiendo como la mejor defensora de la dignidad humana y de la libertad futura en el anhelo de un pueblo sometido.

Los logros del faquismo se podrían encontrar precisamente en la fundación de bibliotecas y ateneos y en la actividad editorial, aunque hay que notar que han sido estos organismos los que inicialmente fundaron la específica por lo que cabe preguntarse para que hace supuestamente falta esa conformación de tendencia partidaria. Otra realidad a considerar es que este tipo de organización, aunque reducida en tamaño en tiempos de crisis, ha servido para mantener la llama del anarquismo en lugares donde había decaído hasta su práctica desaparición. Dejando de lado el caso puntual de la FACA-FLA podemos notar que ha sido tras un hecho represivo significativo para el anarquismo las oportunidades que el especifismo ha encontrado para dar cause al anarquismo de tendencia política, y fue justamente después de la represión del centenario, como de la semana de enero de 1919 y luego del golpe del ´30. Éstos son motivos suficientes para tener en cuenta lo dañino que puede resultar en ciertas ocasiones el especifismo para la propagación del anarquismo en la lucha social.

Escrito por  M.S.C.
Publicado en el periódico Libertad N° 53, octubre-noviembre de 2009, Buenos Aires.

_______________________________________________________Fuentes consultadas:

*El Anarquismo y el movimiento obrero en Argentina. Iaacov Oved. Ed. Siglo XXI. México. 1978.

*Ideologías del movimiento obrero y conflicto social. Jorge N. Solomonoff. Tupac. Buenos Aires. 1988.

*Antología documental del anarquismo español, tomo 1. Organización y Revolución, de la Primera Internacional al Proceso de Montjuic (1868-1896). Francisco “Paco” Madrid-Claudio Venza. Fundación Anselmo Lorenzo. Madrid 2001.

*En la Borrasca. Rudolf Rocker. Ed. Tupac. Buenos Aires. 1949.

*Historia de la FAI. Juan Gómez Casas. Fundación Anselmo Lorenzo. Madrid 2002.

*Certamen internacional de La Protesta. Buenos Aires. 1927.

*La Semana Trágica. Edgardo J. Bilski. CEAL. Buenos Aires. 1984.

*Primer congreso anarquista de la región argentina. Edición digital de La Antorcha. México.

*El Anarquismo en el movimiento obrero. Emilio López Arango-Diego Abad de Santillán. Ed. Cosmos, Barcelona. 1925.

*Malatesta, Pensamiento y acción revolucionarios. Vernon Richards. Utopía Libertaria. Buenos Aires, 2007.

*Los Presos de Bragado. Carlos M. Jordán. CEAL. Buenos Aires 1988.

*El movimiento anarquista y los orígenes de la Federación Libertaria Argentina. Pablo M.Perez.

*Vidas en Rojo y Negro, Una historia del anarquismo en la “Década Infame”. Fernando López Trujillo. Letra Libre. La Plata, 2005.

*La Alianza Obrera Spartacus. Javier Benyo. Utopía Libertaria. Buenos Aires, 2005.

*Pactos y agresiones. El sindicalismo argentino ante el desafío neoliberal. Jean Bunel. Fondo de cultura económica. Buenos Aires. 1992.

*Revista Sudestada nº 43.

*La Protesta nº 8228.

*Informe Documentado sobre la última escisión. Consejo Federal. Goncalvez Díaz 316. Buenos Aires, marzo de 1963 (87 páginas).

*Renacer, órgano de la S. de Resistencia Obreros Mozos y Anexos de la Capital Federal (adherida a la F.O.R.A.). Ramón Falcón 3056 (clausurada). Boletín de septiembre de 1950. Así como volantes sueltos de 1947, 1958, 1966, y uno firmado junto con Unión Chauffeurs y Oficios varios de la capital titulado “Reivindicación de la F.O.R.A. FORA con forismo o forismo sin FORA. Fechado en noviembre de 1953.

*La Voz del Chauffeur, órgano de la S. de Resistencia Unión Chauffeurs. Año XXIV-Nueva Época, nº 29.Buenos Aires, noviembre de 1957. También una circular del 1/9/1964.

*Boletín informativo de la Sociedad de Resistencia Obreros del Puerto de la Capital. Secretaría Coronel Salvadores 1200. Buenos Aires, febrero de 1958.

*Hijos del Pueblo, prensa de Red Libertaria. Año III, nº 11. Marzo-abril de 2008. Entrevista al “Piojo”, que formaba parte del Sindicato de Plomeros, Cloaquistas, Hidráulicos y Anexos.

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[1]El antecedente principal de organización anarquista se puede encontrar en la Alianza de la Democracia Socialista impulsada por Mijail Bakunin y sus compañeros más afines quienes ingresan en la Asociación Internacional de los Trabajadores (A.I.T.) disolviendo públicamente la Alianza. Si bien queda mucho por ver sobre el tema me parece interesante tomar un aspecto que destaca Juan Gómez Casas en su historia de la FAI: “(…) la Alianza ginebrina a la que pertenecía Bakunin y sus amigos no llegó a constituir una organización internacional vertebrada, con acuerdos o directrices válidas u obligatorias para los adheridos en todos los países, ni menos aún una entidad coactiva o autoritaria. Mal podía serlo si hemos visto que no existía organización formal. La Alianza intentó relacionar en el plano internacional a los elementos activos y dinámicos susceptibles de animar y dinamizar en el aspecto local o regional situaciones o movimientos revolucionarios, tendentes a transformar el orden social.” (p. 22) De ahí se deduce la autonomía que tenían las demás secciones que recibieron de Bakunin el consejo y su aporte al esclarecimiento.

[2]Rudolf Rocker, En la Borrasca. (Años de destierro). Ed. Tupac, Buenos Aires, 1949. p 226.

[3]El Anarquismo en el movimiento obrero. E. López. Arango-D. Abad de Santillán. Ed. Cosmos, Barcelona. 1925. p. 148.

[4]Ibid. p. 165.

[5]Los Presos de Bragado. Carlos M. Jordán. CEAL. Buenos Aires 1988. p. 160. Sobre este mismo punto la revista Sudestada publicó en el nº 43 una entrevista a Amanecer Fiorito del grupo editor de La Protesta en que decía: “Mas allá de esa tendencia que hay en la gente de señalarnos como que siempre terminamos en una “autopsia forense”, en las condenas a hechos concretos que se dieron. Por ejemplo, con el golpe del 30, cuando nos recriminan ‘¿porqué no salieron los anarquistas?’, y mi viejo en ese tiempo me decía: ‘¿Con qué íbamos a salir a defendernos contra el totalitarismo? Si apenas teníamos unos revólveres.” En el nº 8228 de La Protesta Amanecer aclara que hubo un problema en la desgrabación de dicha entrevista, y que lo que dijo fue: “más allá de esa tendencia que hay en la gente de señalarnos, siempre terminan en una autopsia forense.

Miviejo decía ¿Con qué íbamos a salir a defendernos? si teníamos unos revólveres”.

[6]Esto marca un elemento útil para analizar la metodología de toma de acuerdos y decisiones que afectan a un movimiento social anarquista.

[7] (1907-1997) Inició su militancia en el movimiento universitario de La Plata, fundando el Partido Universitario de Izquierda por lo que será detenido al producirse el golpe militar. Santillán lo incorporó al grupo de La Protesta y formará parte de las tres etapas de la organización específica. Durante la revolución española llegará a la península junto con otros delegados faquistas como Grunfeld, Lunazzi, Prince, etc., y, una vez desplazados los anarquistas contrarios a la línea “colaboracionista-gubernamental-circunstancial”, será designado por el renovado Santillán (ya secretario de la FAI) director de Tierra y Libertad.

[8]Los presos de Bragado… ps. 100-101.