Paseas por las calles, te crees libre, te sientes libre, pero, ¿de verdad crees serlo? Caminas por avenidas atestadas de gente, mirando, hablando, fingiendo, corriendo al trabajo, comprando, avanzando como cual ganado al matadero. Avanzas estrepitosamente, no ha de ser que se contagie, caminas por calles más angostas y ves la basura como agasajos de vagabundos hambrientos, los que quisiesen no estar aquí, de dejar de existir, pero su normalización no deja que se acaben, son parte del todo, deben sacar el mayor provecho a esa basura antes del que le sigue. Esto te descompone, no puedes ver tanta brutalidad, te revisas los bolsillos, apenas para el camino, y para el vicio del humo, nada crees poder hacer y continúas.

La imagen te quema el pecho, pero te reconforta que algún día cambiaras las cosas, que trabajaras y les darás un buen porvenir a los tuyos, quizás podrías dale de comer a un hombre como tal, eso te calma, ¿será la solución? Pero que importa es lo que puedes hacer nomás, te enfriara aquel odio que a veces creer sentir en ti, ese odio angustioso de ver dónde vives, como vives y para que vives, ¿Qué quieres? Un mundo nuevo donde no existan sistemas y formas de control de unos para con muchos, para su ambición, sus riquezas, su mundo de dominación, ese que has visto toda tu vida, en tu padre, en tu madre. Pero dejas eso atrás debes estudiar formalmente sino no serás nada, así justificas tu acto de indiferencia, debes integrarte al trabajo, ¡esa es la solución¡ no importa que trabajes en lo que puedas, para que te exploten mientras el de arriba se lleva el fruto de tu esfuerzo. Ahora, ¿quién es el mendigo?

El camino continua, caminas y ves violencia de la policía a manifestantes mujeres, hombre, niños y ancianos que luchan por solución habitacional, al engaño que padecieron, ese que les quito sus ahorros de una vida de vasallo. Obviamente también sigue la respuesta a la violencia, te duele el estomago, deseas, o si, deseas, pero no puedes, se hace tarde para comer.

Por fin el hogar, llegas a tu mundo de dolor y odio, a tu sonido escalofriante de rebelión y muerte, de muerte a lo normal, dar muerte al asesino, al usurpador de vidas, esa batería te destroza el cráneo, te extrae eso que te carcome con fantasías funestas de caos y reconstrucción, pero sabes que lo que piensas no lo actúas, no culminas el gran salto al combate de lo que crees está mal, de seguir tu corazón, sabes que no tienes nada que agradecerle a ninguna bandera, a ninguna religión. Ese dolor de ver como a tu padre se le va la vida en la fábrica, de que a tu madre se le llenan la cara de arrugas de vivir en la fantasía de la familia occidental, de perpetuar normas, de confiar en quien le compra la decisión, de la realidad que muestran los medios, de lo libre que soy de trabajar o morir, de consumir y de la forma como ellos quieren que lo hagas, y sabes que se le ira la vida en ello.

Comes, sales, ya no quieres pensar, no quieres saber mas ¿no sabes que la solución está en tu corazón, en tu mente? Te diriges sin sentir, hacia tu deber, hacia donde “tú puedas”, hacia el degolladero sociointelectual, hacia la pirámide que debes escalar para poder sobrellevar la vida mejor, trabajaras hasta más no poder por lograrlo, te felicito, no te culpo, pero ¿no sientes ese cosquilleo de cuando saber que no debes hacerlo? Pero prefieres esa solución parcial y abstraerse y seguir cabeza gacha hacia donde debas dirigirte, hacia donde te han de llevar como zombie con el único propósito de ser partícipe de la profitación al otro, al medio donde vives, cosas que nunca sabrás porque ya te tienen y es difícil salir de ello, la rueda comenzó a girar, ya elegiste.

Tendrás éxito, ayudaras a tu familia, obtendrás la propia, la casa, las deudas, las enfermedades, los asesinatos, las leyes, las elecciones, la “democracia”, la religión, la lucha contra la droga, la delincuencia, la miseria que ayudas a engendrar. Te congratulo saliste adelante, cambiaste tu mundo, ya caminas más tranquilo, pero ahora solo caminas, con miedo a todo, enfermo y sumiso, le das gracias a tu autoridad por mantenerte a salvo de lo grotesco que a veces te muestran, este es el mundo real, esto es lo que te dicen que es, que esta es tu patria, esta es tu economía, ayúdalos, pero ya sabes que eres cómplice y que te encontrare algún día, donde sea, donde mis ojos y el de mis hermanos y hermanos puedan acceder y serás parte del enemigo y de mi odio, ese mismo que alguna vez sentiste pero nunca te atreviste a darle sentido, a darle un real cambio a tu vida, serás parte de mi odio a la explotación de lo que me pertenece, de lo de mi enredador, y del de todos y todas, de la depredación de mis ideas, de las cuales se que me pertenecen y que nunca podrán quitarme, de esta utopía linda que tienen miedo de conocer, la cual es la única fórmula de contrarrestar esta inevitable extinción. Este odio que no me marchita, más me calma, porque sé que transformándolo en armas de lucha podré por ultimo tener el gusto de extinguirme sintiendo que hice lo que pude y que moriré pensando que fue lo más bello que pude vivir en esta vida de mierda que me ofrecieron y obligaron a vivir, pero con la convicción clara que todo cambiaria y que fue lo que dirigió mi vida, lo que dio sentido a mi existencia, que a veces no supe aprovechar, pero intente, de alguna forma, contrarrestar aquello que me oprime, aunque nunca haya sido de forma absoluta, por ello moriré contento de que lo que guió mi vida sí tenía sentido y si es posible, y que solo falta abrir la mente y el corazón.

Esta complicidad tuya a la normalización de pensamientos que te entrega una autoridad que desconoces pero aceptas, del invento estúpido del dios dinero, esta confabulación que transforma en virtud la humillación, te hará pagar en sí misma y por quienes rechazamos este mundo que tanto te agrada, las consecuencias ya la estás viendo, tu lepra de conformismo y silencio te hacen pagar, esa pulsación incesante en tu cerebro, esa rabia entupida que a veces sientes, esa que te hace violentar a los que amas, a tu consiente que alguna vez desarrollaste. Hoy duerme tranquilo, todavía no estamos fuertes, tu padecimiento es tu compañero, pero algún día llegaremos, tal vez mañana.

Por Dany el Rojo (Colaboración).

Publicado en El Sol Ácrata, Junio de 2012.